Mikel INSAUSTI
VIDA INVISIBLE DE EURÍDICE GUSMAO

La historia de dos hermanas brasileñas de mediados del pasado siglo

El premiado cineasta brasileño Karim Aïnouz se crió en el exilio familiar con sus tías abuelas argelinas, por eso en sus películas siempre ha retratado a mujeres fuertes. Es una constante desde su reconocida ópera prima “Madame Sata” (2002), que ganó el Hugo de Oro en el festival de Chicago y el premio de Mejor Director en Biarritz. Las posteriores “El cielo de Suely” (2006), “Viajo porque preciso volto porque te’ amo” (2009), “Desassossego” (2010) y “O abismo preateado” (2011) también obtuvieron recompensas internacionales. La reciente “Praia do futuro” (2014) fue presentada en Donostia dentro de la sección Horizontes Latinos. Pero la más galardonada de todas es su última realización, “La vida invisible de Eurídice Gusmao” (2019), considerada como Mejor Película en la sección Un Certain Regard de Cannes, y triunfadora en la Seminci de Valladolid con cuatro premios: Espiga de Plata, Mejor Actriz (ex aequo para Julia Stockler y Carol Duarte), el FIPRESCI de la crítica internacional y el Sociograph.

La novela original de Martha Batalha en que se basa la película transcurría entre los años 30 y las décadas posteriores de la primera mitad del siglo pasado, pero Karim Aïnouz ha preferido ambientarla directamente en los años 50, con un epílogo en el cual una Eurídice ya mayor aparece interpretada por la diva del cine brasileiro Fernanda Montenegro. Pero en su juventud toma el rostro con 18 años de Carol Duarte, mientras que de su hermana mayor Guida hace Julia Stockler.

Ambas hermanas se ven obligadas a mantener una relación epistolar en la distancia, tras haber huido de su padre, un panadero conservador y católico, en distintas direcciones. Guida se escapa con un marinero y Eurídice intentará ser concertista de piano, sin que las cosas les salgan bien. Su perfil es el de víctimas de una sociedad marcadamente patriarcal.