Asier ROBLES
ENTREVISTA

«Quiero dejar de sentirme marciano en Euskal Herria»

Eneko Axpe Iza, barakaldarra de 33 años, trabaja para la NASA en diferentes proyectos. En esta entrevista nos habla de su intensa vida en San Francisco, California, donde aparte de su trabajo científico se dedica a otra de sus pasiones, la música hip-hop y electrónica. Bajo el nombre Maisha Mc, hace unos día presentó en Bilbo su disco “Vmme Sahar”.

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Eneko Axpe nació en 1986 en Barakaldo. Estudió física en la facultad de Leioa de la UPV-EHU, y tras un periplo por las universidades de Oxford, Cambridge, Harvard y Stanford, actualmente lleva dos años trabajando para la NASA en diferentes proyectos. Esta profesión le ha llevado a vivir a San Francisco, California, una de las cunas del hip-hop, otra de las ocupaciones de Axpe. Desde muy joven comenzó a grabar sus primeras canciones y ha sido miembro de los grupos 121 Crew y Patrol Destroyers bajo el nombre Maisha Mc. Hace unas semanas presentó en Bilbo su disco “Vmme Sahar”, que estará en Durangoko Azoka de la mano de Taupaka Elkartea.

¿Cómo llega un barakaldarra a la NASA?

Recuerdo a Javi Ibarra, un profesor del instituto que me hizo entender la física de una manera muy divertida. De hecho ponía ejemplos de la NASA, y eso a mí me llenó. Pero vocación tampoco diría, porque a mí también me flipaban otras cosas, de hecho puse de segunda opción Comunicación Audiovisual. Las artes también me encantan. A mí, lo que me gusta es crear, en ciencia, en arte... en todos los ámbitos.

Por otro lado, cuando dicen que hay que esforzarse mucho personalmente para llegar a donde quieres, no es del todo cierto. Lógicamente, hay que esforzarse, pero por mucho esfuerzo que hagas, si no hay oportunidades, no hay nada.

La gente ve como un logro que yo haya llegado a la NASA, pero si yo he podido estar ahí es por la educación que he recibido y por las becas que he tenido para poder estudiar fuera, y esa educación la ha pagado la gente con los impuestos. Eso es lo que ha hecho posible que yo este donde estoy, yo he tenido esa oportunidad.

¿Cuándo se fue a estudiar fuera? ¿Cómo es su vida en Estados Unidos?

En 2014 fui a Oxford, Inglaterra. Luego estuve dos años en Cambridge, y desde hace dos años vivo en San Francisco. Trabajo en un centro de investigación de la NASA llamado Ames.

Mi vida ahí es muy intensa. Aparte de muchas horas de trabajo científico, también dedico mucho tiempo al hip-hop. Llevo ya dos años y estoy aprendiendo mucho, que al final la vida se trata de eso, aprender. «Bizi bihar hilko bazina bezala, eta ikasi betiko izango bazina bezala», es mi filosofía de vida.

¿Es muy diferente la vida allí?

En cuanto a la sociedad, Estados Unidos me parece un sitio muy duro para vivir. Por un lado, hay una poca gente que hace muchísimo dinero, y por otra, ves muchísimos homeless (sin techo). Es un país en el que la desigualdad está en tu cara.

Yo salgo del barrio y veo un montón de homeless, y al mismo tiempo veo muchos coches de lujo, a mí eso me choca. Es un país en el que hay que pagar por ir al hospital, por estudiar... Eso me ha hecho valorar lo que tenemos aquí. Pero también hay que mejorarlo, porque aquí tampoco es perfecto.

Por otro lado, tienen un nivel científico increíble, están a años luz de nosotros en este tema, y en el plano artístico también. Para alguien que le gusta el hip-hop, como yo, estar en la cuna de este estilo es increíble.

Otra cosa que me gusta es que es muy multiétnico, tienes mogollón de asiáticos, afroamericanos... Es algo que no se ve en Euskal Herria, y cuando vengo se me hace un poco aburrido en ese sentido. Creo que es bueno para una sociedad ser multiétnica, aprendes un montón, disfrutas de otras culturas, cocinas, lenguas...

¿En qué proyectos está trabajando en la NASA?

Pues trabajo bastante con astronautas. Ahora estoy haciendo modelos matemáticos para predecir cuanto hueso van a perder los astronautas en un viaje a Marte. También estoy trabajando para la misión Artemis, que consiste en mandar a la primera mujer a la superficie lunar para el 2024, y los primeros humanos a Marte para 2040. En Stanford también trabajo con biomateriales, algunos aplicados a astronautas y otros para tratar diferentes enfermedades.

¿Echa de menos Euskal Herria?

Somos pocos vascos en California, pero dicen que a veces las flores más pequeñas tienen las raíces más grandes. A veces nos juntamos en el Basque Cultural Center o en la Peña Athletic... La mayoría de los vascos y vascas son de tercera generación.

¿Qué les diría a los jóvenes que están estudiando en el ámbito de la ciencia?

Que hagan lo que realmente les apasione, y no lo que les digan. Si hay una pasión que tienes dentro y la quieres sacar adelante, al final la puedes convertir en tu trabajo. También les aconsejo que estén preparados, porque la ciencia es un maratón y hay que ser psicológicamente muy fuertes. Que sepan que si van a ser científicas y científicos van a ver cosas que nadie antes en la humanidad ha visto, y eso es un subidón de adrenalina, porque estás en el límite del conocimiento.

Además de ser científico e investigador, también compone hip-hop y música electrónica bajo el nombre Maisha MC. ¿Cómo comenzó?

Cuando tenía 5 años, a mi ama le llamaron de la escuela y le dijeron que tenía una habilidad especial para la música y que me metiesen en alguna escuela. Lo hizo, pero a mí no me gustaba toda la música clásica y tradicional, y lo deje muy rápido. Luego, con 12 años, empecé a escribir mis primeras canciones de rap e hice unas cintas con la música que se oía en Barakaldo en aquella época. Ponía una música de fondo y grababa la voz con una cinta. Más tarde formé parte en los grupos 121 Crew y Patrol Destroyers...

Aquí choca mucho que un científico haga hip-hop. Nos han especializado mucho en una cosa y parece que no puedes hacer dos cosas diferentes.

Hace hip-hop en euskara, algo que no se escucha demasiado.

Gaztea ahora pone alguna canción, y ya iba siendo hora, porque no lo han potenciado suficiente, y al final cuando tienes una radio tan potente en Euskal Herria que no potencia una de las músicas más jóvenes, nos estancamos en los estilos de siempre. Aquí siempre llega todo tarde.

Para mí, rapear en euskara es una gozada. Estoy haciendo una música que lleva 40 años en las calles con el idioma más antiguo de Europa.

Hace unas semanas presentó “Vmme Sahar”. ¿Cómo es este disco?

Es un disco conceptual. Es un viaje de un euskaldun a Marte, y la primera parada es California. Le hablo a Euskal Herria y a California desde San Francisco. Lo que he hecho ha sido centrarme en mis raíces más profundas y he mezclado la txalaparta, la alboka, el txistu, irrintzis, audios de Oteiza, sampleos de Berri Txarrak... También he utilizado unos audios de vientos marciales a los que tuve acceso en la NASA. Me he centrado en la cultura vasca, pero es un disco futurista.

He sido muy perfeccionista con este disco y he estado dos años para hacerlo. Tiene mil detalles, mil códigos, mil mensajes... nadie va a ser capaz de descifrar todos los códigos que hay. He tardado meses en hacer alguna de las bases, es un disco con mucho detalle.

Lo he sacado solo en vinilo porque me parece que no es un disco para escuchar a todo correr. El vinilo es un formato que te da el placer de poder tumbarte en casa, pincharte el álbum y centrarte en la música con una copa de vino, una cerveza o un vaso de agua.

¿A qué se debe el nombre de “Vmme Sahar”?

Son las dos palabras en protoeuskara, de las más antiguas que tenemos constancia que están escritas. Las encontraron en una tumba en Nafarroa. Yo juego con ume zahar, porque tengo la ilusión de un niño, pero ya tengo 33 años.

¿La física es fuente de inspiración en su trabajo artístico?

Sí, en la última canción, por ejemplo, digo «zure atomo guztiak eta nireak puntu berberan egon ziren behin». Nosotros al final estamos conectados, todo lo que nos hace estaba en un solo punto antes del big bang. Casi siempre he tenido influencia de la física en mis canciones.

¿Algo que añadir?

Me gustaría decir que en Marte me sentiría vasco, pero quiero dejar de sentirme marciano en Euskal Herria. Este disco al final es una metáfora de lo que me gustaría que fuese Euskal Herria, que estuviésemos agarrando con una mano nuestras raíces y con la otra estuviésemos mirando al futuro más que nunca. Este futuro solo pasa si conseguimos una sociedad igualitaria en todos los sentidos.

Hay que crear oportunidades, porque no sabemos si la vacuna para el cáncer está en la cabeza de un niño que vive en un barrio pobre y no tiene dinero. Para que ese niño se convierta en científico tiene que tener oportunidades en forma de educación pública y de calidad, becas...