Nueva ronda trilateral sobre el tránsito del gas entre la UE, Rusia y Ucrania
Representantes de Rusia, Ucrania y la Unión Europea comenzaron ayer en Berlín una nueva sesión de negociaciones para asegurar el tránsito del gas ruso hacia Europa occidental a partir del 1 de enero, cuando expira la vigencia del actual contrato de suministro.

La capital alemana acogió ayer una ronda de negociaciones entre la Unión Europea, Rusia y Ucrania para preparar la firma de un contrato trilateral sobre el tránsito del gas ruso por el territorio ucraniano con destino al centro y oeste del continente.
Vladimir Putin se mostró ayer manifiestamente optimista sobre el desarrollo de estas conversaciones. «Creo que vamos a llegar a un acuerdo. De hecho, estamos en ese camino. Y vamos a aspirar a que también la parte ucraniana esté satisfecha con esos acuerdos», dijo el presidente ruso durante su rueda de prensa de fin año en Moscú.
No lo tienen tan claro en Ucrania, teniendo en cuenta lo que dijo el miércoles el presidente de Naftogaz, Andrei Kobolev: «Se puede decir que hay algunas opciones de firmar un contrato de tránsito de cara al 1 de enero, pero son muy escasas. Cada minuto que pasa se vuelven casi nulas».
En caso de que finalmente no haya acuerdo, las negociaciones a tres bandas se podrían reanudar en abril o mayo próximos.
Paralelamente a esta ronda, las relaciones diplomáticas no mejoran entre estos tres “socios”. De hecho, ayer mismo el Consejo Europeo formalizó la prórroga de seis meses, hasta el próximo 31 de julio, de las sanciones económicas adoptadas contra Rusia por el conflicto en Ucrania, al entender que no ha habido avances suficientes en el cumplimiento de los Acuerdos de Minsk. La prórroga se pactó la semana pasada en la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE, en virtud de la información facilitada por el presidente francés, Emmanuel Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel, tras su reciente encuentro con los presidentes de Rusia y Ucrania, Vladimir Putin y Volodimir Zelenski.
Sanciones de Estados Unidos
Esta situación se ha complicado aún más con la intervención de Washington. El martes pasado, el Congreso estadounidense aprobó sanciones contra el gasoducto Nord Stream 2, que llevará gas ruso a Alemania por el mar Báltico y cuyos 1.255 kilómetros de longitud están construidos ya en más de un 90%.
Para que entre en vigor, el texto requiere de la firma de Donald Trump, quien no ha mostrado oposición alguna.
El senador republicano Jim Risch, que preside el Comité de Asuntos Exteriores, aseguró que las sanciones evitarán que se complete la construcción del gasoducto. Además, dijo que esas medidas, a las que Berlín se opone, son una importante herramienta «para proteger la integridad del sector energético europeo» y para combatir la «maligna influencia» de Moscú.
Recientemente, Putin subrayó que el Nord Stream 2 es un proyecto «puramente comercial» y que Moscú no pretende cortar el tránsito de gas a través de territorio ucraniano.
El coste del gasoducto asciende a unos 10.000 millones de euros, que financian al 50% el consorcio ruso Gazprom y las empresas OMV (Austria), Wintershall y Uniper (Alemania), Engie (Estado francés) y Shell (Gran Bretaña-Países Bajos).

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