Sardinas
Los nombres que identifican a los movimientos populares son cada vez más originales y está claro que forman parte de su propio manifiesto, de sus objetivos. Como algunos himnos que calan inmediatamente como el de las mujeres chilenas sobre las violaciones que se ha internacionalizado de tal manera que ha llegado hasta al parlamento turco para denunciar al ministro de Interior porque la policía cargó de manera machista contra unas mujeres que lo estaban cantando y bailando en la calle.
En Italia existe un movimiento popular llamado «Las sardinas», que se manifiestan con dibujos de ellas y que se enfrenta de manera clara, directa, radical a las tesis fascistas de Salvini. El nombre viene de una primera convocatoria espontánea en Bolonia que abarrotó una plaza y estaban los manifestantes «como sardinas en lata». A partir de ahí las sardinas van ocupando espacio mediático, van consiguiendo ese tipo de revolución algo líquida, de una intensidad mediática oportunista, pero que acaba creando un foco de luz entre tanta niebla partidista. Al tener un inicio casi casual, de incomodo, de rabia, de estar contra una situación que no se atrapa desde la política institucional y partidista de nómina, adquieren un valor de simbología que logra adhesiones más limpias, menos taciturnas, más del mañana.
Es un movimiento que crece, con varios frentes, entre ellos las sardinas negras, que luchan contra el racismo, la xenofobia, la exclusión. Sus concentraciones se hacen intergeneracionales y junto a los jóvenes más activos se encuentran viejos militantes de izquierda, partisanos y uno de sus himnos es “Bella Ciao”, que tanto escuece a las extremas derechas camufladas. Es un movimiento que lucha contra lo evidente, que encaminará su voto hacia la esperanza en las próximas elecciones. Me gustan mucho estas sardinas.

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