Nagore BELASTEGI
Elkarrizketa
ALAITZ LECEAGA
ESCRITORA

«Me gusta escribir las historias que me hubiese gustado leer»

En 2018 la bilbaina Alaitz Leceaga (1982) publicó su primera novela, «El bosque sabe tu nombre», con un éxito abrumador e inesperado para la propia autora. Con la adaptación audiovisual en camino, se embarcó en su segunda novela, «Las hijas de la tierra» (Ediciones B), y que acaba de ser publicada. Ambientada en 1889, narra la historia de unas hermanas que arrastran una maldición.

Alaitz Leceaga solía escribir relatos en un portal de internet con gran éxito –60.000 visitas– y cuando tuvo la idea de “El bosque sabe tu nombre” su intención era seguir con ese formato: publicarlo por su cuenta online «porque es lo más sencillo, únicamente depende de ti». Después se dio cuenta de que un relato no le iba a alcanzar y decidió escribir su primera novela. Tras el gran éxito cosechado acaba de presentar la segunda, «Las hijas de la tierra».

Confiesa que le gustan las novelas victorianas, las de terror y las sagas familiares. ¿Se traslada eso a sus novelas?

Para cualquiera que navegue un poco a través de las páginas de “Las hijas de la tierra” o de “El bosque sabe tu nombre” tiene claro cuáles son esas historias que a mi me gustan, esos libros, esas autoras de referencia. Es bastante evidente.

Me gusta escribir las historias que me hubiese gustado leer. Cuando te sientas a escribir, cuando llega el momento de darle forma a los personajes y la trama que has estado pensando y de convertirlos en una historia, lo que quieres es que el lector sienta lo mismo que tú cuando empiezas a leer una de esas historias que no puedes dejar, que tienes que leer un capítulo más antes de quedarte dormido. Yo creo que esa es una sensación que hemos sentido todos los que somos muy lectores, la de querer seguir pasando la página.

¿Cómo le llegó esta historia ambientada en La Rioja?

Sucedió cuando estaba en el viaje promocional de “El bosque sabe tu nombre”. Tenía la imagen de esas tres hermanas gemelas pelirrojas, como la chica que sale en la portada del libro. Sucedió que, durante un viaje promocional a La Rioja, al llegar allí, vi el paisaje tan único y diferente al de “El bosque sabe tu nombre”… era algo que chocaba mucho. Vi ese paisaje, ese cielo abierto, esas enormes casas de piedra como la que aparece en la novela, esa tierra… Tuve claro que esa historia que ya había empezado a imaginar acababa de encontrar escenario.

Las mujeres tuvieron una gran importancia en la industria vinícola. Cómo se refleja eso en «Las hijas de la tierra»?

La novela comienza a finales del siglo XIX. Es una gran familia bodeguera, terrateniente, en el momento en que la industria del vino tal y como la conocemos ahora empieza a aparecer. Se hacía vino antes, pero no es hasta la ruina de los bodegueros franceses e italianos con la plaga de la filoxera que la zona de La Rioja empieza a ser vista como un destino vinícola por todos esos bodegueros terratenientes que en sus países de origen ya no podían seguir recolectando uvas. Fue un contexto histórico que alteró por completo la orografía del paisaje. Ese es el caldo de cultivo de la novela.

Cuando empecé a tirar del hilo me encontré con que muchos de aquellos puestos de trabajo los ocuparon las mujeres, que hasta ese momento desarrollaban otras tareas, pero que al nacimiento de aquella nueva industria fueron las primeras en sumarse. Cuando pasaron los años sus nombres fueron desapareciendo de la historia. Cuando estuve en la zona investigando me impresionó mucho porque hablabas con alguien y te contaban ‘mi abuela o mi tatarabuela tenía estas tierras y tenía una bodega…’ pero todos sus nombres habían ido desapareciendo. Tenía que traer todas sus voces al presente.

La primera novela tuvo un éxito tremendo. ¿Ese respaldo en qué medida ha cambiado su forma de escribir?

Es verdad que “El bosque sabe tu nombre” ha gustado mucho, hay una producción audiovisual en marcha, se ha traducido a una docena de idiomas... realmente fue un éxito muy grande y después de algo así, cuando vuelves a escribir, sientes esa emoción de volverte a enfrentar a una historia nueva, de querer conocer a esos personajes. Pero también sientes respeto por todos esos lectores que han invertido su tiempo en tu historia. Cuando escribes la segunda novela sientes la necesidad de darles a los lectores lo que esperan.

Como autora, lo que más me importa es que los lectores conecten con la historia y con los personajes. El primer feedback en las redes sociales de “Las hijas de la tierra” está siendo muy positivo, y eso siempre te quita un poco los nervios iniciales.

¿Podemos distinguir en sus novelas los ingredientes de aquellos relatos que solía escribir ?

Los cuentos de hadas siempre los he tenido bastante presentes. El primer acercamiento que hacemos todos a las historias son los cuentos que nos cuentan nuestros aitas cuando somos pequeños. Eso tenía que estar presente sí o sí en las historias, era algo que no podía separar de mí a la hora de escribir. Resultó casi inevitable ese acercamiento a los cuentos, a las primeras historias, a las leyendas.