2020/01/04

VÍCTOR IRIARTE
CRÍTICO Y AUTOR TEATRAL

Víctor Iriarte lleva a cabo en «Teatro de agitación» un ejercicio de memoria histórica al recuperar varias de las obras de teatro más significativas de Patxi Larrainzar, algunas de ellas inéditas hasta hoy, de la mano de Txalaparta, la que fuera casa editorial del desaparecido escritor navarro.

«‘Teatro de Agitación’ es una enmienda a la totalidad a la Transición»
Patxi IRURZUN|IRUÑEA
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Inéditas, pero no desconocidas. Al contrario, en su día, a finales de los setenta, las obras del añorado Patxi Larrainzar pusieron a reventar los teatros navarros (y en alguna ocasión de manera literal, pues el local del grupo que representó la mayoría de ellas, El Lebrel Blanco, sufrió un atentado con bomba por parte de la ultraderecha). Tal vez porque, como señala Jon Jimenez, editor de la editorial Txalaparta, esas obras «son de algún modo la Transición y el régimen del 78 contados y confrontados a través del teatro».

Larrainzar, cura rojo y díscolo en su parroquia de la Rotxapea, narrador y articulista zumbón, fue un rara avis en el por entonces páramo teatral de Nafarroa y un adelantado a su tiempo con su teatro de agitación, popular, político y didáctico. En sus obras satirizó al Opus Dei, abordó de manera crítica la historia de Nafarroa o removió los posos en esta comunidad del carlismo. Algunas de ellas, como “Utrinque roditor”, provocaron encendidos debates parlamentarios, pues por primera vez daba la palabra en un escenario a un miembro de ETA; otras, como “Ensayo general para la conquista del cotarro”, ni siquiera llegaron a estrenarse, porque la mano negra de ese cotarro lo impidió. “Teatro de agitación” no solo recopila seis de las obras más significativas de Larrainzar, sino que, además, la magnífica edición de Victor Iriarte, periodista, crítico literario y autor dramático (fue Premio Nacional español de Teatro Calderón de la Barca en 2007) incluye un documentado prólogo que es un estudio referencial sobre el teatro en Nafarroa, abanderado por El Lebrel Blanco, durante aquellos años; o recupera para las obras que antologa los repartos de quienes la representaron, partituras musicales que las acompañaban, algunos textos originales confrontándolos con los que fueron puestos en escena... Un impresionante trabajo, en suma, que recoge el testigo de José Mari Esparza, el editor de Txalaparta, editorial en la que se publicaron las obras –quizás más conocidas– narrativas y periodísticas de Larrainzar, y que no habría sido posible sin la colaboración del hermano gemelo de Patxi, Frumencio Larrainzar.

¿De dónde surge su interés por Patxi Larrainzar y el impulso de recuperar su obra?

Desde niño. De chaval, para mí Patxi era un mito. No pude ver los primeros montajes de El Lebrel Blanco, mi familia no era teatrera, pero sí de adolescente. Me recuerdo preguntando por librerías de Pamplona si tenían publicado el teatro de Patxi Larrainzar.

En 2016, con motivo del 25 aniversario de su muerte, el Teatro Gayarre me encargó un espectáculo teatral en el que yo en escena contaba su vida y obra, y un grupo de actores representaba fragmentos escogidos de sus obras. Hubo un llenazo total, muchas risas, aplausos entusiastas y emoción a flor de piel. Allí mismo quedó claro que su teatro debía ser editado y Txalaparta, su sello de siempre, me encargó el proyecto.

En el prólogo comenta que Patxi Larrainzar es, por una parte, un escritor que brota como una flor en el desierto en Nafarroa, donde había una larga sequía en el ámbito del teatro; y por otra que también en el Estado español resulta una figura excepcional, pues escribe un teatro sin antecedentes, atrevido, singular... ¿Cómo definiría su teatro?

Patxi Larrainzar es un rara avis del teatro vasco, donde no ha habido autores señeros. De ahí que le encargaran también textos grupos como Geroa de Durango o Denok de Vitoria en la década de 1980. Y su teatro político, de denuncia y reflexión, tampoco se cultivaba en los primeros años de la Transición, que fueron complicados para el teatro. Las nuevas tendencias habían expulsado a mucho público, el teatro “de texto” se volvió de repente viejo, el interés se centró en recuperar a figuras silenciadas poco o nada representadas, tipo Lorca o Valle, y muchos autores censurados por la dictadura tampoco engancharon en democracia, porque no hablaban del aquí y el ahora. En cambio, ahora mismo, ese teatro-documento o teatro-periodístico es una tendencia en auge en el país, ahí están las obras críticas sobre la monarquía, la manada o la corrupción que está llenando teatros, y resulta que Patxi fue pionero. De ahí la pertinencia de reeditar su Teatro de Agitación, que seguramente hace dos décadas hubiera pasado inadvertido. El libro ha llegado en el momento justo.

Algunos de los temas que se abordan en estas obras están todavía de plena actualidad. ¿Fue Patxi un adelantado a su época? ¿Y cómo resiste su obra el paso del tiempo?

Es divertido comprobar cómo el debate sobre si Navarra es Euskadi sigue idéntico, con el mismo argumentario, que cuando en 1978 Patxi estrenó “Navarra sola o con leche”. Parece que no nos hemos movido un milímetro. Y temas que apunta en obras como “La conquista del cotarro”, como los movimientos religiosos ultraintegristas en torno al poder, están en los medios de comunicación. A Bolsonaro le hicieron campaña en Brasil los evangélicos, conviene recordarlo, y la iglesia católica parece detrás del golpe de Estado reciente en Bolivia. “Utrimque roditur” dramatiza una heterodoxa historia de Navarra y ahí está el debate sobre la memoria histórica, que pone de los nervios a la derecha antes, cuando ponía bombas en el teatro de El Lebrel Blanco, y ahora. Así que respondiendo a tu pregunta creo que sí, que Patxi fue un adelantado y que la lectura de sus textos dramáticos nos dan claves para una visión crítica del mundo.

Jon Jiménez comentaba en la presentación que este libro y estas obras de Patxi Larrainzar son de algún modo la Transición y el régimen del 78 contados y confrontados a través del teatro. ¿Está de acuerdo?.

Totalmente de acuerdo. Diría más: “Teatro de agitación” es una enmienda a la totalidad desde el teatro a la imagen edulcorada que nos han vendido de la Transición, con la que Patxi Larrainzar fue muy crítico, aunque reconozca que quizá no pudo haber otro camino que el que se siguió. “Pampilonia Circus” es una pieza cabaretera y en sus 24 esketches deja en evidencia, con gran sentido del humor, todo lo malo de aquel momento: violencia en la calle, apaños políticos, corrupción, transfugismo, manipulación de los medios de comunicación, movilización de la iglesia ante cualquier legislación laicista, pauperización de las clases medias… Y muchos de esos temas que se atrevió a tratar hoy se han agravado notablemente.

El libro es también la historia de El Lebrel Blanco y del teatro navarro durante aquellos años (76-84). ¿Hay un pequeño ejercicio de memoria histórica en todo esto?

Hay mucho. Si quieres explicar el teatro de Patxi tienes que hablar del contexto político y social del momento, pero también del panorama teatral navarro en el que estrenó sus piezas y por tanto de El Lebrel Blanco y otros grupos. Y en teatro la memoria es especialmente frágil, porque es un arte efímero. He podido comprobar durante la elaboración del libro que muchos de los protagonistas han fallecido y otros recuerdan muy vagamente las cosas en el mejor de los casos, porque la mayor parte de las veces las han olvidado por completo o la tergiversan. El actor tiende a pensar que lo mejor de Patxi fue aquello que protagonizó. Hay contadas grabaciones de vídeo, programas de mano desaparecidos… así que decidí contar el máximo posible en el prólogo que contextualiza las seis obras.

Para acabar, ¿cómo ha sido el proceso de gestación de la obra?

El proceso ha sido complejo. José Mari Esparza tuvo 25 años todos los materiales del escritor y publicó sus novelas, su dietario y afortunadas selecciones de sus artículos periodísticos, que son sin duda lo mejor que salió de la pluma de Patxi. Pero me confesó que de teatro no sabía nada y no se vio con fuerzas para abordar una edición de sus obras, a pesar de que lo anunció en varias ocasiones.

Fue gracias al espectáculo del teatro Gayarre cuando lo vio claro. A partir de ahí ha habido un proceso largo y fructífero de discusiones, porque los dos somos cabezones, sobre qué merecía la pena editarse de todo el teatro que escribió. El quería su “teatro completo” pero yo creo que no todo tiene el mismo valor, porque como dramaturgo Patxi Larrainzar es limitado. Nunca llegó a dominar del todo la escritura dramática y muchas de sus piezas son enojosamente discursivas. Finalmente optamos por un libro con las seis obras que le encargó El Lebrel Blanco, que son las más populares y recordadas y creo que las mejores.

El libro ha quedado por eso muy compacto. En paralelo, la familia ha donado el archivo que conserva de Patxi a la Biblioteca General de Navarra con todos sus mecanoscritos, así que si alguien tiene curiosidad ahí puede encontrar el resto.

«Patxi fue un adelantado y la lectura de sus textos dramáticos nos dan claves para una visión crítica del mundo».
«Este libro ha llegado en el momento justo, hace dos décadas habría pasado inadvertido»