2020/01/15

NICOLETTA MANTOVANI
REPRESENTANTE DEL LEGADO DE LUCIANO PAVAROTTI Y VIUDA DEL CANTANTE

A propósito del documental dirigido por el oscarizado Ron Howard, Nicoletta Mantovani relata los entretelones de esta película que ya está en cartelera, así como algunos aspectos de la vida compartida con el tenor. Pavarotti es un acercamiento muy particular al hombre de origen humilde que revolucionaría el mundo de la ópera.

«Promocionar Pavarotti es una manera de estar nuevamente cerca de Luciano»
Janina PÉREZ ARIAS|ZURICH
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A los 23 años Nicoletta Mantovani (Bolonia, 1969) conoció a Luciano Pavarotti. Para ese entonces él ya era una estrella consumada, y ella era una estudiante universitaria que prácticamente no sabía nada del mundo de la ópera, donde el tenor italiano había emprendido una verdadera revolución.

Han transcurrido 12 años de su muerte, acaecida a los 71 años (en 2007), y con el documental “Pavarotti” (ya en cartelera) se le hace un homenaje al cantante. Dirigido por el oscarizado Ron Howard (“Una mente maravillosa”, “Rush”), en este filme se logra un acercamiento muy particular al hombre de origen humilde, de padre panadero y cantante aficionado, que terminaría escribiendo historia en el canto lírico.

Ron Howard ya había explorado iconos musicales en “The Beatles: Eight Days a Week” (2016) y “Made in America” (2013), y que asumiera la dirección de “Pavarotti” fue un deseo expreso de la viuda del cantante, quien tuvo la tarea de proponerle al realizador estadounidense este proyecto. Los entretelones y algo de la vida compartida con el tenor los relata Nicoletta Mantovani, quien puso a disposición de Howard un nutrido archivo que reúne material artístico como también imágenes inéditas del ámbito más íntimo.

«Depositamos en él toda la confianza, y el resultado es excepcional porque Ron logró describir muy bien al hombre y al cantante de una manera hermosa», narraba la viuda del cantante en el Festival de Zúrich. Howard se apoyó en el valioso material de archivo cedido, hizo sus pesquisas, además de realizar unas 100 entrevistas (con sus hijas, su exesposa, pero también con Bono, Plácido Domingo, José Carreras, Carol Vaness, Angela Gheorghiu, Madelyn Renee, entre otros).

«El hecho de que Ron no sea un experto en ópera ayudó mucho, porque no entró en detalles operísticos específicos, pero sí logró mostrar el sueño de Luciano, el cual consistía en llevar la ópera a un público más amplio», afirmaba la también albacea del legado de Pavarotti.

A diferencia de otros documentales de celebridades, en “Pavarotti” Ron Howard tuvo libertad de acción y creación. Una decisión que Nicoletta no duda que fue la mejor, ya que se trataba de la visión del cineasta.

«Este documental se hizo a través de los ojos de las personas que amaron a Luciano y de quienes compartieron su carrera artística», afirmaba al inicio de esta entrevista, y añadía: «Es como tener a diferentes Lucianos, pero reconoces una línea en común en su pasión y su curiosidad, porque él siempre estuvo abierto a nuevas cosas, a aprender algo todos los días, y esa actitud la mantuvo hasta el final de su vida».

¿Fue difícil para usted revivir el dolor de los últimos días?

Fue una mezcla de emociones. Por supuesto que lloré mucho la primera vez que vi la película, pero promocionar “Pavarotti” en varias partes del mundo es una manera de estar nuevamente cerca de Luciano. Puede que suene extraño, pero es como si estuviera trabajando con él, tal como lo hacía antaño.

¿Cómo explica que su mensaje y obra sigan tan presentes?

Luciano era un niño de la Segunda Guerra Mundial. Siempre me contaba que recordaba que lo único que le hacía sobrellevar los estruendos de los bombardeos era cantar lo más alto posible junto a otros niños. Por eso cuando Bono le propuso abrir un centro de terapia musical en Mosta a Luciano le pareció una idea fantástica, porque él creía en el poder de la música para ayudar a los niños afectados por conflictos bélicos. Yo trato de divulgar las iniciativas que impulsó Luciano, claro está que lo hago en un nivel muy diferente, pero intento hacerlo lo mejor posible.

¿Tuvo dificultades para que las hijas y exmujer de Pavarotti se involucrasen en este filme?

Ahora tenemos (se refiere a ella y su hija Alice) una relación con sus hijas (Lorenza, Cristina y Giuliana). Una de ellas tiene una hija de la misma edad de Alice (16 años) y tienen mucho contacto a través de las redes sociales. Fue crucial tener a bordo a la primera familia de Luciano, queríamos rendirle homenaje, y tanto su exmujer (Adua Veroni, con quien estuvo casado durante 40 años) como sus hijas son parte de su vida.

Usted trabajó en el equipo de Pavarotti & Friends, contribuyendo a que Luciano se interesara por la música pop. ¿Qué relación mantiene usted actualmente con la música en general?

Aunque es cierto que yo tenía más conocimiento de música pop, en todo caso más que de ópera (se ríe), en el equipo cumplía funciones de organización, pero siempre era Luciano quien tomaba las decisiones. Pavarotti & Friends fue un manera de desafiarse, de saciar su curiosidad hacia otro tipo de música, sin embargo su finalidad era benéfica para los niños afectados por la guerra. Hoy en día el trabajo de la fundación está dirigido a impulsar la carrera de jóvenes talentos, organizamos conciertos parar darles a conocer, aunque nuestro sueño más ambicioso es abrir una academia dedicada a Luciano, pero con sus reglas, y eso lo dificulta. La academia tiene que ser completamente gratis, para ello se necesitan muchos fondos, además tiene que estar abierta a todo el mundo. Luciano nunca tuvo una educación formal, y siempre dijo que las voces excepcionales pueden estar en cualquier parte, como una flor rara. Por eso hizo audiciones alrededor del mundo o fundó siempre en la búsqueda de voces para darles una oportunidad, tal como le sucedió a él cuando era joven.

¿En qué momento se dio cuenta de que ese hombre que conoció siendo usted una joven estudiante iba a cambiar su vida tan profundamente?

El amor es muy misterioso (se ríe). Cuando empiezas una relación con una persona no haces una proyección de cómo va a desarrollarse, más bien disfrutas el momento. La diferencia de edad no fue un tema entre nosotros, de hecho Luciano siempre decía que él era el más joven (se ríe), y en cierto modo tenía razón, y es que él tuvo la capacidad de mantener muy vivo al niño que llevaba por dentro. A veces cuando llegas a cierta edad crees que ya lo has aprendido todo y que tu vida está consumada, pero para Luciano eso era inconcebible.

No existe un momento preciso en el que me dije que mi vida había cambiado por completo. Eso sí, fui muy feliz, Luciano hacía que cada día fuera especial, echo de menos su alegría, esa sonrisa que hasta él mismo le llamaba “la sonrisa contagiosa” porque bastaba verle sonreír y ya estabas sonriendo con él (se ríe).

¿Cómo logró protegerse de todos los ataques cuando se dio a conocer su relación?

¡Luciano me protegió! Estábamos tan enamorados que vivíamos inmersos en nuestro micromundo. Nuestra vida seguía el plan de actuaciones porque él siempre estaba de gira, por lo que cada tres días cambiábamos de ciudad o de país. Entre todas las críticas también vivimos situaciones muy divertidas. Recuerdo que en una fiesta en EEUU, una señora que había organizado nuestra estancia me preguntó que cómo era tener un padre tan especial. Yo le respondí: mi padre es fantástico, pero mi compañero no está nada mal tampoco (se ríe a carcajadas). Durante años estuvimos riéndonos de esa anécdota.

En el documental se ve a Luciano cocinando en cualquier parte del mundo. ¿Cómo se las ingeniaban para hacer esos banquetes?

Luciano hacía todo (se ríe), cocinaba para todo el mundo y estaba encantado de hacerlo. En nuestro equipaje, que era inmenso, siempre acarreábamos con ollas, sartenes, hasta con cubiertos, y por supuesto con todos los ingredientes necesarios como pasta, queso, aceite, balsámico… A Luciano le marcó el hecho de ser un niño que creció en tiempos de guerra, con mucha pobreza y carestía; en ese tiempo, cuando querías agasajar a las visitas, lo que les ofrecías era comida. Esa actitud la mantuvo durante toda su vida, por lo que cada vez que llegaba alguien a casa, no importaba la hora, Luciano se metía en la cocina para preparar algo, y como la gente llegaba a diferentes horas, siempre teníamos la mesa puesta.

Un aspecto curioso era la superstición. ¿Cómo llevaba ese lado supersticioso de Pavarotti?

(Se ríe) ¡Tenía muchas supersticiones! Quizás la principal era que nadie a su alrededor ni mucho menos en su equipo podía vestirse de púrpura. Recuerdo un día en EEUU que una mujer fue a hacerle una entrevista, estaba completamente vestida de púrpura, y Luciano se negó a hablar con ella, de modo que tuve que prestarle mi vestido (se ríe). Antiguamente en la época de Semana Santa cuando los curas se vestían de ese color los artistas no podían trabajar, lo cual significaba que no ganaban para su sustento; desde ese tiempo en Italia el púrpura es símbolo de mala suerte. Otra superstición eran los clavos torcidos, y hasta hoy los encuentro por todas partes (se ríe).

¿Cómo era su ritual antes de salir a escena?

Existía una regla interna: nunca le hables cinco minutos antes de una presentación, ni cinco minutos después de la misma (se ríe). Antes de salir a escena uno de los rituales que seguía era maquillarse él mismo, decía que frente al espejo era cuando se enfrentaba a él, a sus temores, a todo lo que llevaba por dentro, pero en el momento de pisar el escenario, todo desaparecía y se ponía en manos de la música.

Qué aria u ópera cantada por Pavarotti recuerda con más cariño?

Mi ópera favorita es “Un balio in maschera” (de Giuseppe Verdi), porque Luciano fue el mejor Riccardo (rol principal). Pero nuestra canción era “La mia canzone al vento” (de Cesare Andrea Bixio), que fue la primera que le escuché cantar y le dije, «¡qué canción más bonita!». Me agradeció el cumplido (se ríe). Hay otra que se llama “A vucchella” (Francesco Paolo Tosti), una canción de amor que solía dedicarme y de la que tengo una anécdota. Estando en Canadá coincidió con mi cumpleaños, la noche previa al concierto asistimos a una cena, Luciano me dedicó esa canción y empezó a cantarla desafinando intencionadamente (se ríe). Yo no tengo oído musical y cuando canto no atino ningún tono, por eso lo hizo; me reí mucho, pero los organizadores ni los invitados no tenían ni idea que se trataba de una broma y pusieron cara de terror pensando en el concierto del próximo día (se ríe).

Luciano era un niño de la II Guerra Mundial. Contaba que lo único que le hacía sobrellevar los estruendos de los bombardeos era cantar lo más alto posible junto a otros niños.

Nunca tuvo una educación formal, y siempre dijo que las voces excepcionales pueden estar en cualquier parte, como una flor rara. Por eso hizo audiciones alrededor del mundo.