«Historias de fantasmas de Japón»: Lacombe y el encanto de lo intangible
Publicado por Editorial Edelvives, «Historias de fantasmas de Japón» es el título de la cuidada versión que el prestigioso ilustrador Benjamin Lacombe ha realizado de la obra homónima escrita por Lafcadio Hearn. En su obra, Lacombe ha abordado el imaginario de autores como Victor Hugo, Edgar Allan Poe, Lewis Carroll y Prosper Merimeé y también ha aportado su visión personal al universo pictórico de Frida Kahlo.

El artista parisino Benjamin Lacombe está considerado como uno de los mejores ilustradores del panorama internacional. Su reconocible estilo está gobernado por un trazo que combina sensibilidad y melancolía. Ello se refleja en los enormes ojos de unos personajes que habitualmente habitan un universo de letras enclavadas en el género fantástico.
Su carrera comenzó en el año 2001, siendo alumno de la prestigiosa Escuela Nacional de Artes Decorativas de París. Su proyecto de fin de curso, “Cerise Griotte”, del que es autor e ilustrador, se convirtió en marzo de 2006 en su primer libro juvenil.
Un año más tarde, y contando en esta ocasión con el respaldo editorial del potente sello estadounidense Walker Books, la nueva edición de “Cerise Griotte” convirtió a su autor en una celebridad mundial, al ser considerado por la revista “Time Magazine”, como uno de los mejores libros juveniles del año 2007 en Estados Unidos.
Desde entonces, Benjamin Lacombe ha escrito e ilustrado numerosos libros, entre los que destacan “Cuentos Macabros”, de Edgar Allan Poe; “El Herbario de las Hadas”, su primer álbum ilustrado en formato digital; “Cuentos silenciosos”, un espectacular popup desarrollado en tres dimensiones; “Los Amantes Mariposa”, una de sus obras más elogiadas, y “Nuestra Señora de París”, magnífica edición de una de las inmortales obras de Victor Hugo y la visión que ha aportado a los cuentos tradicionales. A todo ello habría que sumar las ilustraciones que ha dedicado al imaginario pictórico de Frida Kahlo, los mundos surrealistas de Lewis Carroll y la telúrica interpretación del clásico de y Prosper Merimeé “Carmen”, desarrollado desde una óptica gobernada por la mirada de la mujer.
En otoño de 2014, publicó “Madama Butterfly”, una magnífica reinterpretación de la ópera de Giacomo Puccini, tras la cual sorprendió con “Los superhéroes odian las alcachofas” y “Retratos gatunos”, de los que Sébastien Perez es el autor de los textos. En su nueva obra, nuevamente enraizada en el mundo de lo irreal, aborda una de las grandes constantes de la cultura japonesa, los fantasmas, y para ello ha tomado como referencia la obra del escritor Lafcadio Hearn titulada “Historias de fantasmas de Japón”.
Nacido en la isla griega de Léucade en 1850 y fallecido en Tokio en 1904, Lafcadio Hearn está considerado el primer gran japonólogo de la literatura occidental, por sus relatos de fantasmas y sus libros de divulgación. Gracias a su mujer nipona conoció los cuentos tradicionales sobre espectros y apariciones, que se encargó de convertir en nuevos relatos tras someterlos a un cuidado proceso de reescritura y reelaboración.
El escritor Lafcadio Hearn (1850-1904) fue el primer occidental nacionalizado japonés, se casó con la hija de un samurai y adquirió la condición de aristócrata a la vez que recreó en sus relatos el mundo mágico y los fantasmas de Japón. La cuidada edición de Edelvives incluye once cuentos en tamaño folio con media encuadernación en tela, y otorga pleno espacio a Lacombe para desplegar su singular microcosmo.
Las que regresan
“Historias de fantasmas de Japón” se revela como un mosaico de secuencias fantásticas en las que lo improbable cobra forma mediante un sutil trazo que dota de forma y sensibilidad a una galería de fantasmas y otros seres fantásticos que habitan, de manera muy arraigada, en la cultura japonesa.
Según Lacombe, «cuando ilustré ‘Blancanieves’ hice unos dibujos más metafóricos, y para las setecientas páginas que componen la versión de ‘Nuestra Señora de París’ de Victor Hugo fueron más oscuros y próximos a la historia; en realidad, no existe un método y cada uno de mis libros es distinto; en este caso lo más especial ha sido recrear el universo de los yokai».
El ilustrador también se descubre como un enamorado de la cultura y la tradición japonesa como en su día lo estuvo Lafcadio Hearn y aseguró que, «a diferencia de los fantasmas occidentales, los yokais no son espíritus que regresan para arreglar cuentas, sino que conviven con los vivos, pueden permanecer en un objeto o tomar posesión de un río, lo cual gráficamente se traduce en un mundo realmente fantástico».
A la hora de comprender la presencia de lo intangible, dice que «la cultura japonesa resulta fascinante, tanto por el color como por las formas, y por esa idea de que la magia forma parte de la vida cotidiana: el ruido del viento puede deberse a un yokai, al igual que el rumor de los guisantes en un cuenco» y agrega que, con sus dibujos, ha tratado de reflejar este «estado mental derivado de la idea de que todo en el mundo tiene su importancia, incluso la cosa más humilde, el más insignificante de los objetos puede poseer su propio espíritu, lo cual es una buena lección para el mundo en que vivimos, donde con frecuencia se maltrata a la naturaleza».
En relación a la muerte, es un tema que el artista definió como «tabú en la cultura occidental» pero que en la japonesa adquiere otra lectura, más próxima a la mexicana que a la europea, puesto que los muertos siguen acompañándoles. Existe una fuerte relación con los ancestros y esa relación no es necesariamente negativa».
Por ello, a la hora de plasmarlos sobre el papel, los refleja como «personajes ambivalentes, porque –a veces sin pretenderlo– pueden seducir a los seres vivos para conducirlos al mundo de los muertos, de modo que hay que tomar precauciones con ellos» y asegura que los fantasmas de Hearn, como los de la cultura japonesa, mantienen similitudes con los de la tradición británica porque «son dos países con bruma, con niebla, y los fantasmas son propios de las zonas de paso que carecen de claridad, son propicios al ocaso y a la falta de luz».
Un elemento destacado en “Historias de fantasmas de Japón” es la fuerte presencia de las mujeres en las ilustraciones. En su opinión, «la figura de la mujer es muy importante entre los fantasmas japoneses, hasta el punto de que tienen un nombre específico para denominarlas; la cultura japonesa sigue siendo un gran misterio para Occidente también porque las mujeres no pueden expresarse libremente, pero como fantasmas sí que pueden hacerlo».

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