Koldo LANDALUZE
DONOSTIA

«Twin Peaks», la serie que revolucionó el imaginario catódico

Una serie estadounidense subvirtió por completo el formato de las series de televisión hace 30 años. Se titulaba «Twin Peaks» y llevaba la firma del cineasta David Lynch y el productor Mark Frost. Esta propuesta marcó profundamente la cultura popular, con su combinación de misterio sobrenatural, factura telenovelesca y una muy singular galería de personajes alejados de los tópicos catódicos y atrapados en un universo onírico.

Cuando “Twin Peaks” irrumpió en el espacio catódico ya nada fue igual. Su legado impregnó otros formatos como “Bates Motel”, “Fargo”, “Mindhunter”, “Los Soprano” y “Mad Men”, cuyo creador dijo que “Twin Peaks” le demostró «las grandes posibilidades que ofrecía la televisión para crear nuevas y arriesgadas apuestas».

Cuando se anunció que David Lynch iba a rodar una serie de televisión, concretamente uno de esos culebrones que tanto furor causan en la televisión estadounidense, esta noticia provocó un desconcierto generalizado entre toda aquella gente que consideraba al director de filmes tan atípicos como “Cabeza borradora” y “Terciopelo azul” un autor de culto, libre de ataduras comerciales e incapaz de acomodarse a un medio –la televisión– que siempre fue considerado conservador, pero todo cambió cuando la cadena Showtime estrenó el primer episodio el 8 de abril de 1990. Probablemente, ni siquiera los propios responsables televisivos veían en esta apuesta catódica de David Lynch algo consistente y digno de tener en consideración pero, la presencia en este proyecto de Mark Frost, que gozaba de un gran respeto dentro de los territorios del drama televisivo gracias a propuestas tan referenciales como “Canción triste de Hill Street”, allanó el terreno para que el proyecto “Twin Peaks” tuviera luz verde.

Lynch siempre se expresó con claridad acerca de los contratiempos que surgieron durante el desarrollo de su ficción televisiva. Buena parte de estos contratiempos estaban relacionados con la calidad de la imagen y el sonido y con las dificultades que surgían a la hora de plasmar un mensaje a través de un medio dominado por constantes interrupciones publicitarias y por una programación arbitraria.

En relación a cómo fue posible vender un producto de estas características, muchos expertos señalan que la colaboración Lynch-Frost se resumía en que el primero tenía derechos exclusivos sobre “el factor de lo extraño”, mientras que el segundo proporcionaba las estrategias y métodos de trabajo necesarios para la creación y producción de la serie. Lynch lo resumió de la siguiente forma: «Mi agente, Tony Krantz, estaba obsesionado, desde ‘Terciopelo azul’, con la idea de que Mark y yo hiciéramos algo para la televisión. Un día, de repente, compartimos una imagen: un cadáver flotando en la orilla de un lago. Este fue el punto de arranque de un proyecto que al principio íbamos a titular ‘Viaje al Noroeste’ y que transcurría en un pequeño pueblo de Dakota del Norte».

Culpa sin causa

La trama de “Twin Peaks”, que abarcaba el episodio piloto y otros veintinueve episodios, se convirtieron para él en un espacio abstracto similar al que recreó en “Cabeza borradora” y el formato de serie también le permitió incluir una gran variedad de personajes variopintos.

«Nuestra oferta para la cadena ABC –recordó Lynch– consistió en lo siguiente: el misterio de quién mato a Laura Palmer estaba en primer plano, pero luego se apartaba ligeramente a medida que conocíamos a los otros vecinos del pueblo y sus problemas. Cada semana la serie ofrecería un primer plano de varias cosas. El proyecto consistía en mezclar una investigación policial con la vida cotidiana de los personajes. Habíamos dibujado un mapa del pueblo. Sabíamos dónde estaba todo, y eso nos ayudó a determinar la atmósfera principal y lo que podría ocurrir allí. Supongo que es difícil hablar de qué hizo que ‘Twin Peaks’ se convirtiera en ‘Twin Peaks’. No creo que ni nosotros mismos lo supiéramos. Pero la ABC dijo que querían hacer el piloto».

La primera entrega tuvo un éxito arrollador en todo el mundo. Según el guionista Robert Engels, la razón habría que buscarla en que «se trataba de un programa de televisión sobre la culpa sin causa. Captaba algo a lo que la gente respondía emocionalmente. Además, los personajes eran muy reales. Algo que les falta a otros programas. Nunca tuvimos fans en plan trekkies; la gente que veía ‘Twin Peaks’ eran más bien altos ejecutivos de General Motors».

El hecho de que David Lynch no participara en la segunda temporada de la serie, debido a que estaba inmerso en el rodaje de “Corazón salvaje”, provocó que el recorrido de “Twin Peaks” fuera cortado bruscamente.

En su empeño por mostrar su desencanto ante este corte,  rodó en el 92 la prolongación cinematográfica “Twin Peaks: el fuego camina conmigo”, pero la crítica se mostró hostil. En su empeño por ir más allá, el autor de “El hombre elefante” se negó a rodar lo obvio y ello enfureció también a los fans más aférrimos de la serie. Por fortuna para Lynch, los fantasmas le seguían aguardando en Twin Peaks.