EL JUEGO SANGUINOLENTO DEL GATO Y EL RATÓN MÁS CONTAGIOSO DEL TEBEO
La editorial Fulgencio Pimentel acaba de publicar la colección íntegra de «Squeak the Mouse», la versión sanguinaria e irreverente de los televisivos Tom y Jerry, obra del dibujante Massimo Mattioli. Maestro del underground del fumetto italiano, sus personajes han sido, sin duda, fuente de inspiración y contagio virulento para creadores duchos en poner las cosas del revés.

No hay más que asomarse a las páginas de “Squeak the Mouse” para darse cuenta de la enorme influencia que la obra de Massimo Mattioli ha ejercido en, por poner uno de los ejemplos más elocuentes, Matt Groening, creador de los Simpson y sus Itchy and Scratchy (Rasca y Pica), el gato y el ratón ávidos de sangre con los que, desde el sarcasmo, el padre de la familia Simpson se despacha a gusto contra la violencia solapada de las series de televisión infantiles. Es cierto que Groening nunca se ha pronunciado al respecto, pero las similitudes de su propuesta y sus personajes con los del dibujante italiano dejan pocas dudas al respecto.
Si Massimo Mattioli hubiera utilizado sus lápices para redibujar a Naranjito, probablemente los litros de fluido cítrico obtenidos tras triturar y licuar a la mascota del Mundial de España sí hubieran tenido el éxito en disimular el aroma de faria y coñá, de toros y pandereta que el personaje anaranjado no tuvo en su día. Pero Mattioli en aquel todavía tan poco lejano año 82 del siglo pasado estaba dando una mano de color rojo sangre a dos personajes del prime time infantil de la televisión única del momento: Tom y Jerry, el juego del gato y el ratón llevado hasta el límite de la violencia gore, el sexo explícito y la demencia del deseo de aniquilación mutua.
“Squeak The Mouse” es un homenaje y una relectura, desde la sátira y la carcajada sonora, de los dibujos animados. Si en Tom y Jerry la gracia consiste en que los numerosos golpes, caídas y desmanes no son más que inocuos mamporros en unos personajes que gozan de inmunidad total, Mattioli eleva en su tebeo esa caricatura al cuadrado de sí misma mediante unos personajes invulnerables a una violencia extrema: motosierras y cuchillos, explosivos y trituradoras en lugar de garrotazos y zancadillas. El gore como la caricatura desmesurada de la violencia del mismo modo que el cine X es una representación hiperbólica, caricaturizada, del sexo. Porque también hay sexo y escenas clasificadas X, Mattioli las intercala en su tebeo como pequeños interludios, tiempos muertos en ese festival de vísceras en el que el dibujante se mofa de todos los clichés del género X.
Algo parecido a cómo Sam Peckinpah puso fin a la muerte incolora e indolora del western clásico es lo que Mattioli consigue poniendo del revés los códigos de los dibujos animados aunque, todo sea dicho, desde parámetros radicalmente diferentes: allí donde el director de cine apela desde la crítica a la insensatez de la violencia, el dibujante italiano propone como antídoto el cachondeo y la diversión; sobre todo la diversión de sí mismo como autor, tensando las convenciones sagradas del buen proceder.
Mattioli compone sus páginas en celdas de tres por cuatro, en viñetas que yuxtaponen detalles y dan prioridad a las transiciones de acción a acción y que aportan un ritmo enloquecedor calcado al endiablado trajín de los dibujos animados. Se trata de llevar la trama siempre al límite, en una acción vertiginosa que ni siquiera encuentra calma en ese falso “the end” que, también como ocurre en la serie animada, es un eterno retorno al juego de la persecución. Un homenaje en definitiva a los Tom y Jerry de la tele desde un prisma adulto pero solo en el atrezzo, el sexo y la sangre, porque mantiene intactas la estructura narrativa y formal de los personajes animados.
Massimo Mattioli, que fallecía el pasado verano, es considerado uno de los dibujantes más influyentes del fumetto en Italia. Figura clave dentro del underground del tebeo italiano y europeo desde los años sesenta, fundó junto a Stefano Tamburini la revista “Cannibale”. “Squeak the Mouse” aparece por primera vez en la revista italiana “Firgidaire” en 1982 y de ahí pasa a publicarse en lo más granado del submundo editorial de finales de siglo. En el Estado español los personajes de Mattioli encontraron entre las páginas de “El Víbora” de 1985 el hogar perfecto de irreverencia para su hiperbólica psicopatía animada. El álbum que acaba de editar la editorial Fulgencio Pimentel incluye los dos primeros volúmenes íntegros de la serie y un tercero inédito hasta el momento, salpicados de algunos pocos bocetos del autor, todo ello en una edición, como siempre, impecable.

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