SONRISAS TRAS LAS PANTALLAS PROTECTORAS
EL DE AYER ERA EL DÍA D PARA MUCHOS COMERCIOS DE MENOS DE 400 METROS CUADRADOS. UNA JORNADA DE REAPERTURA, DE REENCUENTRO CON LA CLIENTELA Y DE HABITUARSE A LAS NUEVAS NORMAS DE FUNCIONAMIENTO. MÁSCARAS, PANTALLAS PROTECTORAS, UN CLIENTE POR TRABAJADOR, AFOROS REDUCIDOS... PERO, POR ENCIMA DE TODO ESO, ILUSIÓN POR RECUPERAR EL TIEMPO.

Las calles van recobrando cierta normalidad y hasta la alegría. El silencio casi absoluto de las primeras semanas del confinamiento va dando paso a conversaciones aisladas, guardando eso sí la debida distancia social. Ayer, podían empezar a abrir las persianas los comercios que no superen los 400 metros cuadrados, así que no fue un lunes cualquiera. Para muchos propietarios de negocios como peluquerías, restaurantes o tiendas que no sean de comestibles era el lunes esperado durante largas o eternas semanas. El de ayer era su día D.
Uno de los sectores más madrugadores y con más demanda fue el de las peluquerías, con clientes ansiosos por adecentarse el pelo y con carteles en sus escaparates recordando las nuevas y estrictas normas de seguridad e higiene. En la puerta acristalada de su peluquería en Alde Zaharra de Iruñea, Anabel colgó un cartel especificando que el aforo máximo permitido es de una persona. Su primera jornada de vuelta al trabajo la afrontó «con ilusión y con ganas de empezar a volver a la normalidad». Una normalidad que está marcada por las pautas a seguir, entre ellas la obligatoriedad de coger cita previa. «A cada una le doy dos horas y en ese tiempo, la puedo atender y desinfectar todo lo que utilizo».
Plástico en el suelo, geles...
Las medidas de seguridad higiénicas comienzan desde que el cliente pone el pie en su local. «En el suelo he colocado un plástico con una solución alcohólica para que pise. Además, cuento con geles para las manos nada más entrar. La bata y la toalla que voy a utilizar están en su correspondiente bolsa de plástico y la clienta deja sus pertenencias también en una bolsa», explica a GARA. Además, las estanterías del local están forradas de plásticos «para así poder limpiarlos en todo momento».
Siguiendo estas medidas, tiene previsto trabajar de 9.00 a 19.00, lo que supone un horario más amplio del habitual, pero «así puedo atender a varias clientas, unas cinco». Después de un tiempo de ‘vacaciones’, ahora «toca trabajar más y cobrar menos, pero también supone trabajar más tranquila y disfrutando de la compañía de las clientas», que, al coger cita previa, le han trasladado su ilusión por regresar a la peluquería, «porque vernos bien influye en nuestras ganas de afrontar la situación».
Leonor, de la peluquería Marle del barrio donostiarra de Gros, comenzó hace ya una semana a limpiar y acondicionar el local, de 26 metros cuadrados, en previsión de que ayer pudiera abrir. Y a llamar a las clientas habituales para avisarles y, en su caso, apuntarles en la agenda, porque la cita previa es obligatoria.
Los cambios en el modo de trabajar eran evidentes. Mascarilla, pantalla protectora, guantes, y la obligatoriedad de desinfectar «cepillos, tijeras, el asiento…» entre cliente y cliente. Solo uno por cada trabajador. De momento, ha desaparecido ese murmullo tan característico de las peluquerías, como también lo han hecho las revistas. Pero, pese a todos los inconvenientes y cambios sobrevenidos, Leonor está «encantada de poder abrir, de juntarme de nuevo con mis clientas y volver un poco a la vida normal», señala a este medio. Eran las diez de la mañana. Acababa de atender a su primera clienta. Tocaba limpiar, desinfectar y preparar el material para la siguiente.
Como una segunda apertura
Begoña y María inauguraron el establecimiento justo un par de semanas antes de que se decretara el estado de alarma tras un parón por cambio de local de tres meses. Así que la de ayer era como una segunda inauguración. Atrás quedaban semanas de espera, de nervios y de incertidumbre por el futuro laboral, aunque esta última persiste.
A la entrada, a cada cliente le dan guantes y mascarilla –si no los llevan de la calle– y calzas desechables. La gente está respondiendo con ganas, aunque «más de una clienta, sobre todo mayores, nos ha llamado para decirnos que prefiere esperar un par de semanas para ver cómo evoluciona la situación porque están con miedo de salir», dice María.
También en las peluquerías de Ibaeta y Antiguo se percibía movimiento, aunque la actividad general en estos barrios en un día laborable aún está lejos de ser la que era antes del confinamiento. Alberto y su socio fueron para las ocho de la mañana para tenerlo todo a punto. El tamaño del local les permite trabajar juntos guardando las distancias de seguridad.
Rakel regenta con su hermana el centro de uñas esculpidas Biok, en Donostia. El sábado lo dedicó a atender llamadas para concertar una cita previa. «Pusimos ese día para que la gente nos llamara y poderles dar hora. Fue un no parar; ya tenemos la agenda de la semana llena», comenta. Como al resto, las nuevas normas de seguridad e higiene le han obligado a espaciar en el tiempo a los clientes, en su caso también uno solo por trabajador. «Entre uno y otro hemos calculado un margen de diez minutos para que nos dé tiempo a limpiar y desinfectar todo. Nosotras ya trabajábamos con guantes y mascarilla, así que por esa parte no hay cambios. Eso sí, le hemos añadido la pantalla y les hemos pedido a los clientes que vengan también con mascarilla», señala. Reconoce que los días previos a la apertura han sido de gran nerviosismo. Pero, una vez llegado el día, ver que todo marcha según lo previsto y que «la situación está bajo control, me ha tranquilizado», afirma mientras desinfecta y espera a su segunda clienta.
En otros locales o empresas que cuentan con varios establecimientos, la incertidumbre es mayor, tanto por cómo funcionará el negocio al reabrir sus puertas, como por la situación laboral de sus plantillas.
Este es el caso de una zapatería de Iruñea, donde Miguel Ángel estaba preparando el género que ofrecerá a sus clientes. Ha decidido retrasar la apertura una semana, ya que «no teníamos muy claro si el sistema de cita previa iba a funcionar en nuestro caso». Por ese motivo, se centraba en desinfectar a fondo el local y en presentar el género de la temporada de verano, que se ha echado encima después de dos meses de parón en una actividad con unos productos muy estacionales.
Califica la situación en el sector de este tipo de comercio y del de ropa de «drama», ya que llevamos «dos meses sin facturar y en la ropa y el calzado compramos por temporada para seis meses». Por lo tanto, los artículos de invierno «los tenemos en casa y sin ingresar». La forma de afrontar esta situación es «negociar con los proveedores y con los caseros de los locales. A ver cómo salimos de esta».
A esta dificultad se suma el futuro de las plantillas. «Yo tengo ocho empleadas, que se encuentran en un ERTE. Ahora estoy estudiando si rescatamos a todo el personal o a parte, porque no sabemos con qué ganas va a salir a la gente. Ojalá empecemos a trabajar normal, pero si no es así y no nos dejan seguir el ERTE, igual hay gente que se va al paro y es peor, ya que se va a trabajar según aforo, con una venta por empleado».
Mientras toma esa complicada decisión, prepara su local para la apertura. «Hemos comprado pantallas y máscaras para los trabajadores, y utilizaremos gel, guantes y calcetines desechables, además de desinfectar los artículos que se lleguen a tocar».
«Pronto estaremos»
Con esas medidas atenderá «a la gente que espero que venga, aunque no creo que vaya a ser como antes. Estamos con esa incertidumbre».
En muchas tiendas se podían leer ayer carteles con un «pronto estaremos contigo; estamos montando el escaparate, síguenos por Facebook e Instagram». Y es que las redes sociales se han convertido en aliadas de los pequeños comercios y de la hostelería que comenzaba a preparar los pedidos de los clientes bajo cita previa.
«Consulta nuestros menús en nuestro Facebook e Instagram, y en el letrero de la entrada. Se publican a diario», indica un cartel a la entrada del restaurante La Zurri, de Donostia, cuya responsable atendió a GARA entre pedidos. Contenta por poder abrir y, al mismo tiempo, preocupada por el impacto que tendrá tantas semanas de cierre y por ver «cómo responderá» la gente a esta nueva modalidad de venta. El establecimiento ya ofrecía servicio para llevar. Ahora toca espaciar y programar las recogidas en el local, dando prioridad a los mayores de 65 años.
En el Casco Viejo de Bilbo, la gran mayoría de bares y restaurantes mantuvo bajada la persiana. Algunos aprovecharon la jornada para empezar a limpiar el local, después de mes y medio sin entrar, mientras que otros ofertaban raciones para llevar por encargo: txopitos, patatas, salchichas, bacalao al pil-pil, chipirones, tortillas…
Aparte de las peluquerías y alguna que otra tienda de ropa, floristería o ferretería, prácticamente todo el pequeño comercio continuó como las semanas anteriores.
Un encargado de una agencia de viajes comentaba que aunque pueda abrir su negocio «resultaría ridículo cuando la gente no puede salir de la provincia, los hoteles están cerrados, las compañías aéreas no están operando y una de las recomendaciones de las autoridades es no viajar».
En Gasteiz, a la espera
La presidenta de la Asociación de Empresas de Estética y Peluquería de Bizkaia, Cristina Oñate, define la jornada de ayer con la expresión «un poco caos» tras un domingo «estresante» a la espera del decreto, publicado el domingo por la tarde. Pide paciencia a la clientela porque cada trabajador solo puede atender a una única persona y recuerda que todas estas medidas «son por su seguridad y por la nuestra».
En Gasteiz, según una encuesta realizada por la asociación de comerciantes Gasteiz On, la mayoría de los locales de hostelería prefiere esperar a junio para abrir debido a las dificultades para adoptar las medidas de seguridad y a la imposibilidad de sacar del ERTE a sus plantillas con un importante descenso de ingresos.
De la misma se desprende, que solo un 3% tenía intención de abrir ayer, un 8% lo hará el próximo día 11 y un 28% lo pospone al 25 de mayo. Además, algunos no disponen de terraza, por lo que no pueden abrir por el momento. Entre los que abrirán entre este lunes y el 25 de mayo, explican que comenzarán con el servicio de recogida y que, dada la incertidumbre actual, no pueden alargar más tiempo estar sin ingresos.
En cuanto a los comercios, un 17% pensaba abrir ayer y un 67% el próximo día 11. Respecto al 16% restante hay distintas casuísticas: un 5% esperará al 25 de mayo, un 3% dice que ya están medio abiertos, un 1% lo hará una vez finalice el estado de alarma, otro 1% abrirá el 18 de mayo y otro 6% tiene dudas.
Entre los que abrirán entre el 4 y el 11 de mayo explican que lo han decidido por las ganas de reconectar con sus clientes y el hecho de que pueden dar servicio a través de cita previa. Los que dejarán la apertura para más tarde dicen que por ahora seguirán teletrabajando, que las medidas adoptadas por el Gobierno les pueden suponer más pérdidas que beneficios.
Las ferreterías abrieron sus puertas también con el requisito de un cliente por empleado. Las floristerías no notaron cambios significativos; siguieron trabajando como hasta ahora, con encargos por teléfono o Internet que reparten a domicilio.
La mayoría de los libreros de la CAV han optado por esperar al día 11 de mayo para tomar la decisión de abrir al público, cuando conozcan las medidas de seguridad y limpieza que deben adoptar en sus locales.
En declaraciones a Efe, Kepa Torrealadea, presidente de la Asociación de Librerías de Bizkaia, subraya que su entidad no ha realizado ninguna recomendación a los asociados, sino que la decisión de abrir esta semana para recoger encargos con cita previa, o el lunes, queda en manos de cada profesional.
«Quedan aún muchas incertidumbres por despejar sobre cómo ha de ser la apertura, las medidas de limpieza y seguridad que se han de adoptar y la posibilidad que tendrá la gente de moverse para comprar e, incluso, si se prolonga el estado de alarma más allá del 10 de mayo, y hasta que no se concreten estos aspectos no podemos decir nada a nuestros asociados», señala.

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