«La sociedad coreana está inmersa en la oscuridad y la desesperación»
La plataforma Netflix ha estrenado «Tiempo de caza» del director surcoreano Yoon Sung-hyun, una distopía que hace referencia directa a los jóvenes que se debaten entre la desilusión, el aislamiento y la supervivencia en la pujante Corea del Sur.

El triunfo sin precedentes de Bong Joon-ho con su película “Parásitos” en la temporada de premios de 2019-2020 aún estaba fresco cuando Yoon Sung-hyun llegó a la Berlinale para presentar “Tiempo de Caza”.
La producción surcoreana, el segundo largometraje de Yoon tras “Bleak Night” (2010), acaparó cierta atención no solamente por contar con uno de los actores de “Parásitos” entre sus protagonistas (Choi Woo-shik), sino también por tratarse de una película que pertenece a una nueva camada de realizadores dispuestos a irrumpir en el mundo occidental aprovechando la estela del fenómeno y fascinación masiva hacia esa cinematografía originada con la conquista definitiva de Bong Joon-ho.
La vertiginosa “Tiempo de caza”, que tuvo su estreno mundial en la Berlinale proyectándose fuera de competición, tiene como escenario una Corea del Sur apocalíptica, sumida en la desesperanza y la ruina en todos los sentidos, producto del descalabro económico. Después de cumplir una pena de tres años en prisión Jun-seok (Je-Hoon Lee) convence a sus amigos, tan inexpertos como él en actos criminales a gran escala, para perpetrar el último gran golpe que les permitirá obtener el dinero suficiente para emprender una nueva vida en Taiwán; pero la banda no cuenta con que en la huida un mercenario les estará pisando los talones.
Flanqueado por una traductora (del coreano al inglés), además de otras tres atentas mujeres jóvenes que, tomando notas, fotos y chequeo permanente a sus teléfonos no le desampararían durante esta entrevista, Yoon Sung-hyun –nacido en 1982, enfundado en un jersey XXL y rostro que recuerda a uno de los populares grupos de K-Pop– no contempla la idea de una secuela de “Tiempo de caza”. Como tampoco pretende ponerse en el mismo nivel de Bong Joon-ho.
¿Cuál ha sido la motivación para esta historia distópica?
La génesis se encuentra en los jóvenes que forman parte de la sociedad coreana actual. Quise explorar su depresión emocional, pero en el desarrollo de ese punto de partida se convirtió en una película de género, es más, incluí los géneros cinematográficos que más me gustan, como el western, horror, thriller y suspense, intentando darles una nueva lectura. Aunque es un filme que no corresponde a la realidad, en esta historia se reflejan sentimientos y sensaciones que ahora mismo predominan en la juventud de mi país, como el aislamiento, la desesperación, el remordimiento o la culpa. Se trata de sentimientos reales explorados en este escenario donde además se presentan una utopia y una distopía.
¿Hasta qué punto la mezcla de géneros y el escenario distópico le permite exagerar?
Esta película no trata de una predicción del porvenir, más bien quise captar y reflejar las emociones de los jóvenes. Obviamente es una exageración, pero también es una metáfora del ambiente que se respira en la sociedad. Entre los jóvenes se usa mucho la expresión “Hell Chosun” (también “Hell Joseon” o “Infierno de Corea”, que hace referencia al imperante averno tanto en el ámbito estudiantil como en el laboral), y es que la sociedad coreana, en particular las nuevas generaciones, está inmersa en la oscuridad y la desesperación. Sin embargo, en la superficie se da la imagen de amabilidad, de limpieza, de prosperidad, de aspecto impecable. Con este filme he querido expresar la desesperación y la violencia existentes en la sociedad coreana.
¿De dónde proviene esa desesperación?
Voy a ser un poco cauteloso porque se trata de mi percepción personal, pero pienso que el problema radica en que Corea del Sur se ha convertido en una sociedad en la que el único valor que cuenta es el dinero.
En esta historia también hay muchos actos violentos, ¿es la violencia una respuesta certera en ese escenario distópico?
En mi película se respira mucho la atmósfera de “Mad Max” (la saga de George Miller), por lo que la violencia viene a ser una parte de la realización de un filme o de la expresión cinematográfica. Sin embargo, nunca he creído que la violencia sea una respuesta o solución para todo, aunque sí quise plasmar la violencia sicológica existente en la actualidad.
Aunque los personajes se mueven por sentimientos oscuros, se enfatizan valores como la amistad, la fidelidad o la familia. ¿Era importante para usted poner todo esto en primera línea?
En la superficie es un thriller de suspense, sin embargo al profundizar en las historias de sus protagonistas te das cuenta de que se trata de una expresión metafórica del ambiente en el que vive la gente joven, por lo que también se explora una búsqueda. Junto al sentimiento de culpa, otras claves del filme son la importancia de la familia y de la amistad que además son aspectos muy palpables en la sociedad coreana. La supervivencia es otro aspecto fundamental, ya que remite a los esfuerzos de los jóvenes para sobrevivir en su día a día.
¿Cuáles fueron las directrices para dar con la estructura, estética y tono adecuados para esta historia?
Este filme está claramente dividido en dos partes. La primera es una especie de película de atraco, mientras que la segunda es un thriller de suspense. Los chicos sueñan con la utopía de una vida diferente por lo que planean un acto criminal, esta parte es refinada y estilosa, con música hip hop. En cambio en la segunda parte, cuando se desata la persecución, la atmósfera e torna más oscura y la gama de colores refleja las emociones de los protagonistas. Otro aspecto importante era el sonido. Para mí en un filme no solamente predomina lo visual sino también los elementos auditivos, es por eso que puse mucho énfasis y esfuerzos en el sonido, y a través del mismo quise subrayar el estado sicológico de cada uno de los personajes.
Entre los personajes resalta el mercenario que emprende la caza (interpretado por Park Hae-soo), ¿tuvo algún sicario de la cinematografía internacional como referente?
Se trata de un matón solitario y quise dejar en manos de los espectadores cierta libertad de percepción. Si bien una caza en sí tiene un objetivo, mi concepto consistía en crear una figura lo más metafórica posible, ya que su cacería no posee el incentivo del dinero o de una meta en concreto. La gran motivación de ese hombre es la caza per se, la cual viene a ser para él como una religión. Existen muchos filmes con personajes similares y de hecho me inspiré en “El diablo sobre ruedas” (Steven Spielberg, 1971), “Terminator” (James Cameron, 1984), “Alien” (de Ridley Scott, 1979), como también en “No es país para viejos” (Joel Coen y Ethan Coen, 2007) o “Camino a la perdición” (Sam Mendes, 2002). Todas esas películas poseen elementos que sencillamente amo.
El gran éxito de «Parásitos» ha generado mucho más interés en la cinematografía surcoreana, pero ¿cómo ha incidido ese fenómeno global en la industria local?
Creo que se van a producir muchos cambios en nuestra industria cinematográfica, ya que antes del fenómeno de “Parásitos” la realización en Corea era más bien pasiva. Bong Joon-ho es todo un maestro, su manera de contar historias ha sido celebrada, lo cual le proporciona a los jóvenes cineastas la valentía suficiente para atreverse a plantear nuevas formas narrativas, pero también les va a permitir no limitarse a repetir viejos patrones, tanto a nivel de realización como en lo relativo a las historias.
Con cada película que proviene de Corea del Sur se espera el «próximo ‘Parásitos’». Como director y guionista, ¿siente alguna presión?
Nunca me planteé que mi película tuviera conexión alguna con “Parásitos”, además, son dos mundos diferentes. Por otra parte, no siento ninguna presión porque no estoy en posición de tenerla, ya que apenas estoy empezando como director, mientras que Bong Joon-ho es una leyenda. Lo único que espero es que se abran más puertas para el cine coreano.

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