2020/05/18

El médico diabólico

Aquel 22 de junio de 1949, en el puerto de Buenos Aires, uno de los últimos pasajeros en descender por la pasarela del North King parecía un galán de película. Facciones regulares, ojos castaño verdosos y bigote recortado. En su bolsillo, un pasaporte tan falso como su apariencia a nombre de Helmut Gregor. Pese a toda su documentación falsificada nada podía disimular una separación entre sus palas dentales. Ese detalle le identificaba como Josef Mengele, ex capitán de las SS y jefe médico en Auschwitz desde 1943 hasta enero de 1945. Para el antropólogo y doctor en medicina nacido en Gunzburg en 1911, el campo polaco no fue un lugar donde atender enfermos o heridos. Era un inmenso laboratorio donde los prisioneros, de preferencia gemelos y enanos, eran conejillos de indias. Tras la derrota del Reich, la Argentina de Juan Domingo Perón se convirtió en un santuario de nazis. Todo cambió cuando los israelíes secuestraron a Adolf Eichmann, el logista del Holocausto, en Buenos Aires.

Olivier Guez rastrea la permanente huida de Mengele desde ese momento. El glamour de la vida porteña tocó a su fin. En su lugar calor, mosquitos y vida retirada en apartadas granjas de Paraguay y Brasil. Es el tiempo de las dificultades económicas, del miedo ante la irrupción de cualquier desconocido.

La justicia nunca le alcanzó pero su leyenda le sobrevivió. Cuando ya llevaba años muerto, ahogado en una playa al sur de Sao Paulo, norteamericanos, israelíes y la fundación Simon Wiesenthal, ofrecían hasta tres millones y medio de dólares por pistas que condujeran hasta su paradero.