2020/05/20

El hombre de las mil caras

El enfrentamiento entre el bloque comunista y occidente constituye un género literario propio. Sin embargo, ningún guion ha tenido la complejidad ni la espectacularidad de la biografía de Kim Philby, el brillante, impredecible y alcoholizado agente doble al servicio de Moscú. Cuando en enero de 1963 huyó desde el puerto de Beirut hacia la URSS, Philby ya era considerado por la inteligencia norteamericana como la cabeza de un grupo de espías comunistas conocido como “los cinco de Cambridge”.

Donald Mclean, Anthony Blunt, Guy Burgess y John Cairncross se habían formado en el Trinity Collage. Su primer nexo de unión fue el antifascismo y, finalizada la guerra, decidieron ampliar su compromiso ejerciendo el espionaje a favor de Moscú. En el empeño aprovecharon sus contactos universitarios y de clase para moverse sin despertar sospechas.

Y llegaron a lo más alto. En la clasista Inglaterra, Anthony Blunt, hijo de un tendero, asesoraba a la reina en la conservación de su colección de arte.

De todos ellos fue Kim Philby el que logró pasar a Moscú la información más valiosa aprovechando su cargo en el corazón de la inteligencia británica.

Durante años sus informes fueron rechazados por la nomenklatura comunista al considerarlos demasiado buenos para ser verdad.

Al final de sus días, la URSS le dedicó un sello postal.

Fue seguramente el único hombre sobre la faz de la tierra que pudo prender sobre su pecho la orden de oficial del Imperio Británico y la Orden de Lenin, aunque no de forma simultánea, claro.