2020/05/23

Los Mann, pobres niños ricos
Ane RUIZ DE OTXOA
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La cara pública del patriarca de los Mann, Thomas, fue la de un escritor de raza definido por su talento, excentricidad y genio. Al lado de una vida luminosa cimentada en premios, doctorados honoris causa, conferencias y elegantes residencias, palpitaba otra existencia más íntima definida por amplias y hondas capas de sombra.

Junto a su mujer, Katia, y a sus seis hijos formaron lo que la prensa norteamericana definió como la amazing family. En su exilio se erigieron en el símbolo de una Alemania ajena al nazismo.

Sus hijos fueron niños precoces y consentidos, abandonados a su suerte pese a tomar sus desayunos en lujosas cuberterías. Ya desde la adolescencia la relación con el patriarca se tornó ambigua y problemática.

El éxito mundano del cabeza de familia los convirtió en plantas frágiles cuyo crecimiento se ahogaba por la sombra omnipotente del premio Nobel de 1929.

Visceralmente incapacitado para la vida práctica, Mann no dudó en diseccionar a sus hijos como modelos para alguna de sus obras (Klaus Mann quedó para siempre marcado por el retrato que su padre hizo de él en “Desorden y dolor precoz”) al tiempo que delegaba sus responsabilidades privadas en un ejército de sirvientes, colegios e internados.

Al llegar a edad adulta, sus hijos buscaron labrarse un camino con las herramientas aprendidas en casa: la escritura, la música o la ciencia. No dudaron en usar el apellido Mann para allanar las dificultades.

Pero, por contra, su enfermiza relación familiar y los atajos se cobraron un peaje atroz en forma de depresión, alcoholismo, drogas y suicidio.