2020/08/09

FATIMETU ZENAN Y BACHARI LABEID
JUVENTUD ACTIVA SAHARAUI

Fatimetu Zenan y Bachari Labeid, refugiados saharauis residentes en Euskal Herria, han impulsado la iniciativa Juventud Activa Saharaui para recabar material y colaboración sanitaria y tratar de evitar un brote de covid-19 en los campamentos de Tinduf.

«Esto no es una broma, si no se actúa, esta pandemia nos puede exterminar»
Ainara LERTXUNDI|DONOSTIA
0809_eg_sahara3

En pleno desierto. 55 grados a la sombra en los meses de verano. Cierre de fronteras y toda la ayuda humanitaria bloqueada. Falta de material médico y de equipos de protección. Profesionales sanitarios trabajando con una mascarilla quirúrgica hasta que esta acaba deteriorándose por el calor, el sudor... Una población vulnerable, en su mayoría, mujeres, niños y ancianos. Es una muy breve descripción de la situación que están viviendo en los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf, un territorio cedido por Argelia que tenía una finalidad temporal, pero que sigue siendo refugio de generaciones enteras.

¿Cómo contener con tan escasos recursos y en tan precarias condiciones un brote del covid-19? Bachari Labeid y Fatimetu Zenan, jóvenes refugiados saharauis, nacidos en Tinduf y residen en Euskal Herria, han impulsado la iniciativa Juventud Activa Saharaui para tratar de recabar material sanitario, crear una plataforma que permita agrupar a profesionales sanitarios y que estos puedan dar información, hacer un primer diagnóstico ante un caso sospechoso de covid-19, aunque sea de manera virtual pero evitando así desplazamientos no urgentes dentro de los campamentos, difundir a través de las redes sociales lo que está ocurriendo y concienciar a la opinión pública. En menos de una semana han conseguido una donación de 3.500 euros en paracetamol, un medicamento que escasea como las mascarillas, los guantes, los geles hidroalcohólicos…

«Están sin medios, sin comida, sin material sanitario y con un cierre de fronteras que bloquea toda la ayuda humanitaria de la que dependen los refugiados. Ni siquiera los sanitarios tienen suficientes mascarillas. Cada uno utiliza una mascarilla al día a más de 50 grados Suda, trabaja… y no hablamos de mascarillas FFP2 o FFP3, sino de las quirúrgicas, que tienen una vida de cuatro horas. Y los guantes no se cambian por otros a no ser que se rompan. Nuestro mayor enemigo en estos momentos, además de la ocupación marroquí, son el covid-19 y el cierre de fronteras. Si la pandemia se extiende en los campamentos de refugiados puede ser nuestro exterminio. La situación es alarmante, preocupante y crítica», advierten Bachari Labeid y Fatimetu Zenan a GARA.

Hay que tener en cuenta que en Tinduf, el pueblo más cercano a los campamentos, se han detectado positivos por covid-19. La movilidad entre ambas localizaciones se mantiene porque, con las fronteras cerradas, Tinduf es el único sitio donde pueden comprar alimentos y demás productos básicos.

De haber un brote, afirma Labeid, los primeros afectados serán los sanitarios. «El director del Colegio Médico Saharaui ha alertado de que los primeros pacientes serán sus propios compañeros. ‘¿Y, en ese caso, quién va a cuidar de la población, ya de por sí vulnerable?’, nos ha dicho. ¡Los test tardan más de una semana en ir y venir de Argelia a los campamentos y durante ese tiempo, la persona a la que se le ha practicado la prueba sigue caminando, saludando... Si esto se expande, corremos el riesgo de que en el plazo de un mes se contagie toda la población refugiada», remarca Labeid. El pasado 27 de julio, jóvenes saharauis y asociaciones de Euskal Herria se juntaron en Gernika para tratar de buscar fórmulas y recursos con los que atender las necesidades de los refugiados. Así nace Juventud Activa Saharaui, dentro de la cual han creado diferentes grupos trabajo. Uno de ellos se encarga de la cooperación humanitaria; otro de la comunicación en redes sociales; otro de la redacción de peticiones; y otro de sanidad. «Contamos con el grupo de enfermeros con el Sáhara, con el presidente del Colegio de Médicos Saharaui, con una asociación sanitaria de Barcelona, con la asociación de médicos saharauis en Gasteiz y otros 137 profesionales se han puesto a nuestra disposición», explica.

«Al principio, nuestro objetivo, el de Fatimetu y el mío, era hacer una videoconsulta a través de Jitsi para dar soporte a los médicos y pacientes. Un compañero sanitario nos comentó que estaba trabajando en una plataforma para hacer teleconsultas. Hemos conseguido buscar un equipo informático para que le ayude a ponerla en práctica y, cuando esté lista, habilitar una aplicación móvil, de tal forma que antes de desplazarse al hospital cada refugiado pueda hacer una videoconferencia o mantener una conversación por chat con un profesional sanitario. Con ello conseguimos que el posible positivo se confine y que el médico que vaya a atenderlo a la haima esté al tanto».

También están trabajando en concienciación y educación sanitaria. «Esto no es una broma, si no se actúa con seriedad y con un protocolo, nos puede exterminar; está en riesgo la supervivencia de nuestras familias, lo que le da un punto a nuestro mayor enemigo, Marruecos, que está haciendo todo lo posible para mantener las fronteras cerradas», incide Zenan.

La pandemia ha obligado a suspender el programa Vacaciones en Paz-Oporrak Bakean, gracias al cual los niños pasaban los meses de julio y agosto, los más calurosos y difíciles, fuera de los campamentos. Otro duro golpe para la población refugiada saharaui, sobre todo para los más pequeños, que cada año esperan con ansiedad el momento de ver el mar o una piscina. Labeid fue uno de ellos. Fue acogido por una familia de Almería.

Almacena un sinfín de anécdotas y de pequeñas travesuras de aquella época. Cómo la primera vez que vio una fuente y pensó que se trataba de una piscina. Junto a Zenan comparte y apoya la decisión de suspender estas estancias veraniegas porque «la salud está por encima de todo», pero no oculta el fuerte impacto que ello tiene. «Se trata de dar vida a esos niños, de darles la oportunidad de ver qué hay más allá del desierto en el que tenemos que sobrevivir. Un mínimo de infancia y de esperanza. Desde los tres años estás deseando que te seleccionen. Disfrutas al máximo sin necesidad de que tu familia de acogida te lleve a un parque de atracciones. Pero, no debemos de olvidar de dónde vienen y en qué contexto viven estos niños, que no dejan de ser refugiados», destaca Labeid.

«Además de alejarlos de los meses más calurosos y de una situación inhumana, el objetivo de este programa es que aprovechen esa estancia para someterse a revisiones médicas. Son nuestros pequeños embajadores y hacen de puente entre la cultura saharaui y la euskaldun. Vienen de allí aquí para mostrar quiénes somos, cómo hablamos, por qué estamos en Tinduf, qué tenemos y qué no. Gracias a este programa hemos conseguido unir lazos que no los separa nadie. Su cancelación ha sido un golpe muy duro», incide Zenan, que llegó a Bermeo junto a sus padres con cuatro años y al cabo del tiempo se mudó a Tolosa. Preguntada sobre el significado de la palabra refugiada, afirma que fue tomando conciencia de su condición poco a poco.

«Naces en un campamento de refugiados y hasta que no sales de él, piensas que eso es lo normal y lo habitual. Crees que todo el mundo vive en haimas o en casas de adobe, que la temperatura habitual son 50 grados, no conoces el mar, jamás has visto un grifo... Cuando sales y vuelves eres consciente de la realidad que vive tu familia y que has nacido en un sitio que no es el tuyo y que supuestamente tenía carácter temporal. Pero, nuestros familiares han nacido, vivido y muerto ya en estos campamentos y no en su país; llevamos en Tinduf más de 45 años y seguimos así, habrá nuevas generaciones de refugiados», subraya con impotencia.

«Cuando sales estás obligada a visibilizar tu causa; es imposible que un refugiado se olvide de su origen. No puedes vivir tranquila sabiendo que tu tía, tu prima, tu abuela… viven en condiciones extremas, dependiendo de la ayuda humanitaria. Aceptas y aprendes a vivir como refugiada», incide.

«Alguien puede pensar que esta es una simple entrevista, pero para nosotros es una llave para dar a conocer nuestra realidad, nuestra lucha y para decir que estamos y seguiremos hasta lograr el derecho autodeterminación. Y en este contexto, detener el covid-19 se ha convertido en una urgencia más».

REFUGIADA


«Es imposible que un refugiado olvide su origen. No puedes estar tranquila sabiendo que tu familia vive en condiciones tan extremas»

SIN MATERIAL


«¡Los test tardan más de una semana en ir y venir a los campamentos y durante ese tiempo, la persona sigue caminando, saludando...!»