Cosme Naveda
Presidente, y toda la Junta Directiva del Colegio de Médicos de Bizkaia
GAURKOA

Aún estamos a tiempo

El coronavirus está volviendo con una fuerza que suponíamos que no alcanzaría hasta el otoño. El número de casos positivos aumenta día tras día en la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) y esto nos obliga a prepararnos para la «segunda oleada». Dentro de la batería de medidas a implementar para lo que nos espera, 20 expertas y expertos en salud han escrito una carta publicada en “The Lancet” en la que proponen una evaluación independiente sobre la gestión de la covid-19 en el Estado. Defienden que llevar a cabo una auditoría externa sobre el sistema sanitario y los servicios sociales permitiría tener identificadas nuestras debilidades y nuestras fortalezas, y nos capacitaría ante futuras oleadas de covid-19 o nuevas pandemias. Para el equipo experto, el análisis se debería realizar en tres ámbitos: el de la gobernanza y la toma de decisiones, el del consejo científico y técnico y el de la capacidad operacional.

En el Colegio de Médicos de Bizkaia (CMB) estamos de acuerdo con que es fundamental identificar eso que se podía haber hecho mejor y eso que no se hizo, y aprender de los errores para evitar repetirlos en el futuro. Ahora bien, también creemos indispensable que este análisis se lleve a cabo con un afán constructivo, libre de segundas intenciones partidistas. De nada serviría realizar un examen exhaustivo si después se utiliza como arma arrojadiza contra quienes han tenido la responsabilidad de gestionar la crisis provocada por la pandemia. Desde el CMB apelamos a una altura de miras que nos posibilite, como sociedad, trabajar al margen de intereses políticos que no harían sino entorpecer la implementación de estrategias para superar esta situación inaudita de la que parece que todavía tardaremos en salir.

Suenan los tambores que nos avisan de que debemos prepararnos para una nueva batalla contra la covid-19. El pasado fin de semana, el lehendakari Urkullu, en una carta publicada en Facebook, sugería la toma de medidas excepcionales para atajar la propagación del virus.

Desde el CMB, del mismo modo que defendemos que la población debe asumir su propia responsabilidad individual y colectiva, apoyaremos todas las medidas que se tomen para frenar el avance del SARS-CoV-2. Pero deberán estar basadas en el conocimiento científico, avaladas por los correspondientes informes técnicos y formuladas en base a datos contrastados.

Una medida ya adoptada es la puesta en marcha de los equipos rastreadores. Esta es una figura imprescindible, de primerísima línea, para la identificación temprana de los casos y contactos a los que la Atención Primaria hará, acto seguido, el seguimiento clínico correspondiente. Su papel es esencial. Saber con quiénes han mantenido contacto las personas positivas por SARS-CoV-2 es fundamental para cercar al virus y para frenar su avance pero, para que el rastreo de la población infectada resulte eficaz, el equipo se debe dimensionar en función de las necesidades reales.

Tal y como conocemos por la información facilitada por el departamento de Salud, el número de rastreadoras y rastreadores de SARS-CoV-2 en la CAV asciende a 180, una cifra, a nuestro juicio, insuficiente. Si tenemos en cuenta los cálculos de entidades del prestigio internacional como la Johns Hopkins, el número que Euskadi necesitaría para hacer un seguimiento eficiente sería mucho más elevado. Alemania ya ha aplicado sus datos a la herramienta para calcular el número de rastreadores o rastreadoras necesarias que ha sido diseñada por la Administración de Servicios y Recursos Sanitarios de Estados Unidos (HRSA, por sus siglas en inglés). Su ratio ideal es de 1 por cada 4.000 habitantes. Si aplicáramos ese mismo cálculo en la CAV, necesitaríamos un equipo de 550 personas rastreando.

Ante estas cifras, en el Colegio de Médicos de Bizkaia nos preguntamos: si cuantas más PCR se realizan, más resultados positivos se van a identificar, ¿cómo es posible que una comunidad autónoma que se precia de tener la tasa más alta de PCR realizados por cada mil habitantes no disponga de un equipo más numeroso y proporcional para rastrear de una forma rápida y efectiva todos los contactos de quienes hayan resultado positivos en la prueba? Podemos imaginar el desbordamiento de 180 personas que deben ocuparse de seguir y localizar los contactos que mantienen los habitantes de una comunidad con una población de más de 2.200.000 habitantes.

El grupo de rastreo de la CAV está extenuado, como lo está toda la plantilla de Atención Primaria de los centros de salud de nuestra red pública. La tradicional precariedad (mayor todavía en verano), unida a un momento en el que las más que merecidas vacaciones anuales se han intentado concentrar antes del final de septiembre, ha esquilmado la plantilla de Primaria. En los centros de salud faltan médicas y médicos de familia, faltan pediatras, falta personal de enfermería. Quienes están trabajando en estos momentos deben hacer su propio trabajo y el de sus compañeras y compañeros ausentes. Las jornadas se vuelven interminables, agotadoras. Al desempeño habitual se suma la situación derivada de la pandemia. Y esto está ocurriendo en un momento que parece la antesala de una ola con la que apenas un puñado de surfistas se atrevería.

Profesionales clave dentro del sistema sanitario sufren de un agotamiento físico y emocional cercano al colapso. La Atención Primaria no da más de sí. Si no la preservamos, si permitimos que la primera ficha del dominó caiga, las demás caerán en cadena. Y si sabiéndolo, quienes tienen en sus manos tomar medidas e implementar soluciones para evitar el desastre no lo evitan, si el Gobierno y el Parlamento, como ya reclamamos desde el CMB en su día, no acuerdan reforzar un sistema sanitario que tanto trabajo y esfuerzo nos ha costado crear, estarán fallando a toda la ciudadanía. Y también nos estarán fallando a quienes estamos manteniendo nuestro compromiso de cuidar de su salud.