Mikel CHAMIZO
DONOSTIA

La Quincena Musical cerró ayer su 81ª edición sin incidencias y con el apoyo del público

Tras medio centenar de conciertos, la Quincena Musical cerró anoche su edición más difícil y llena de incertidumbre, pero que se ha saldado con una ocupación de casi el 100% y grandes veladas de música. 

Anoche terminó una Quincena Musical que ha sido en sí misma un experimento, ya que no solo se estaba poniendo a prueba la capacidad de las instituciones musicales para organizar espacios seguros para los conciertos, también se estaba sondeando la predisposición del público para asistir a eventos sociales que desde el primer momento han estado en el punto de mira y en riesgo de resultar estigmatizados como actividades peligrosas. El resultado de dicho experimento lo resumió el viernes Patrick Alfaya, director de la Quincena, con estas cifras: “99% de ocupación, 0 contagios”. Con 51 conciertos en un mes, que la Quincena se haya celebrado sin apenas contratiempos, tiene un gran valor simbólico para el sector musical vasco, que está atravesando momentos críticos desde que comenzó la pandemia.    

Pero esta Quincena también ha sido experimental por otras razones, principalmente porque el festival, que destaca por la nómina de artistas y orquestas internacionales que invita cada año, se ha tenido que celebrar poniendo el foco en el talento local. Aquí no hay que ser sectario: es innegable que se ha echado en falta la dimensión internacional, ya que la razón de ser de cualquier festival es ofrecer al público algo extraordinario y a lo que no tiene acceso el resto del año. Sobre todo se ha notado en el ciclo sinfónico, no porque la Euskadiko Orkestra y la Bilbao Orkestra sean de menor calidad que otras formaciones europeas -la primera actuación de la EO con Semyon Bychkov demostró a qué gran nivel está la orquesta ahora mismo-, sino porque se trata de nuestras orquestas, las del día a día, y no suponen una novedad.

Dicho esto, la calidad musical este verano ha sido bastante pareja a la de ediciones pasadas. Artistas como Euskal Barrokensemble, Carlos Mena, Xabier Anduaga, Asier Polo, Elena Sancho o Marta Zabaleta han demostrado que existen mimbres para hacer música de altísima calidad, y que no hay motivos para preferir sistemáticamente a artistas extranjeros, un vicio aún muy instaurado en las programaciones del Estado. Por último, y probablemente en directa relación con lo anterior, también me ha parecido detectar algo más de imaginación y variedad en la selección de los programas, con obras musicales menos manidas.