Aire libre
Dos escaladores e investigadores británicos han publicado un trabajo, ahora bajo revisión de una publicación científica, sobre el impacto del SARS-CoV-2 en los deportes de montaña. Recogen y analizan información de GB, USA, Canadá, Alemania, Austria y Suiza, y concluyen que médicamente no hay un solo caso conocido en el que haya habido una infección durante dichas prácticas deportivas. ¡Ojo! se sobreentiende que es en exteriores. Otra cosa es la actividad en interiores: rocódromos, refugios, etc. Un caso de infección de un excursionista de largo recorrido pudiera haber ocurrido en un refugio. Parece haber ya un consenso en que la gran mayoría de contagios tienen lugar en reuniones en recintos cerrados, pobremente ventilados y estos investigadores mantienen que el riesgo en espacios naturales (manteniendo distancias entre personas) es cientos de veces inferior. Ahora que las estaciones de esquí, preocupadas por la inminente temporada, hablan de medidas en telesillas, colas de remontes, etc. conviene apuntar que el peligro, obviamente, no es ahí mayoritario sino que reside en las actividades sociales que rodean la práctica: bares, restaurantes, hoteles, vida social; parte importante del negocio de las zonas de esquí. En Francia, cuya segunda ola de infecciones es ya un tsunami, sobre todo en las zonas alpinas, lo tienen claro. Incluso los sanitarios tienen gratis las autopistas y túnel del Mont Blanc y la A41 de Grenoble a Ginebra. Qué menos.

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