Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «Ondina. Un amor para siempre»

La ninfa que quedó atrapada en tierra firme

Un filme de poética y desconcierto y en el que, al igual que en la película de Emin Alper “Un cuento de tres hermanas”, está construida mediante metáforas. Autor de la descomunal “En tránsito” (2018), Christian Petzold recrea en la pantalla una historia de amor desaforada en la que lo acuático se descubre como detonante de un universo reconocible pero subvertido por el uso de los símbolos. En concreto, la crónica trágica de los dos amantes protagonistas nace cuando –literalmente– el cristal de un acuario se rompe y cae sobre ellos un manto de agua que sellará su destino acuático para siempre. Desde ese instante, ella, que es profesora de historia y ejerce como guía arquitectónica en un museo berlinés, quedará ligada a él, que es buzo de profesión, y ambos pasearán por las calles de Berlín y bucearán en sus lagos.

La excelente labor interpretativa de Paula Beer y Franz Rogowski hace que todo lo que se desarrolla ante nosotros adquiera una perspectiva reconocible, a pesar de lo extraño que pueda resultar.

Fruto de ello es una atmósfera en la que confluyen lo real y lo onírico, lo cual puede confundirnos en más de uno de sus tramos. A todo ello se suma el mito de la ninfa Ondina, que atrapada en tierra firme y tras enamorarse de un humano y ser traicionada por él, se verá en la obligación de acabar con su vida para, de esta forma, poder retornar al río Niddeck. Es una lástima que el factor fantástico se diluya progresivamente en beneficio de un tono melodramático que a ratos bordea el folletín, lo cual pone en duda cuáles son las verdaderas intenciones que baraja un cineasta que parece sentirse cómodo en este tipo de crónicas tejidas mediante metáforas. A pesar de ello, el filme goza de una cuidada factura técnica, gracias a la precisión con la que Petzold coloca la cámara en el lugar e instante preciso.