El sonido de la angustia

Por enésima vez, la noticia estrella en el mundo del cine fue patrimonio del online. Warner Bros, uno de los peces más gordos en el juego de Hollywood, anunció que sus estrenos más esperados para esta y la siguiente temporada (entre los que encontramos “Wonder Woman 1984”, “Dune” o “Matrix 4”) se estrenarán simultáneamente en salas de cine y en la plataforma HBO Max. Con dicha declaración de intenciones, está claro que se acelera el proceso de transición que debe confirmar el cambio de paradigma en el consumo de películas.
Para entendernos: cada día estamos más cerca del punto en que un «gran título» pueda ser considerado como tal prescindiendo del hasta ahora sine qua non de la gran pantalla. Por ejemplo, rondando esta liga ha estado “Mank”, el esperadísimo nuevo trabajo de David Fincher, una película que a través de un deslumbrante uso de las técnicas modernas, nos lleva al pasado dorado (pero también siniestro) de la «Meca del Cine» de principios del siglo XX. Y así las cosas, uno de los reclamos fílmicos más potentes de 2020 luce en blanco y negro y con un tratamiento sonoro que, como sucedía antes, congrega todos los decibelios en el mismo plano.
El sonido, ya se ve, como elemento que nos permite viajar en el tiempo... pero también como premisa para alimentar las angustias de uno de los dramas más potentes de la temporada: un film que, precisamente, no podremos ver en salas de cine. Si lo deseamos, nos espera en Amazon Prime Video, es decir, en el catálogo de uno de los nuevos actores más poderosos de la industria cinematográfica. “Sound of Metal” es el nuevo trabajo de Darius Marder, director y co-guionista que se alía con el actor Riz Ahmed, joven talento consciente del reto al que tiene que hacer frente.
En esta ocasión, el intérprete británico encarna a un batería de una banda musical cuya vida da un vuelco al perder este, casi de un día para otro, prácticamente toda su capacidad auditiva. Con estos elementos sobre la mesa, Marder podría ceder muy fácilmente a la tentación de firmar la típica película de superación (para seguir así dando fundamento al mito tan típicamente americano del hombre hecho a sí mismo), pero en vez de esto, decide explorar el encanto de las rutas del cine más indie.
Ver y escuchar “Sound of Metal” supone reencontrarse con el sabor agridulce (tenía que sentar así) de estas historias que si bien saben construir una complicidad muy fuerte con su audiencia, para nada son rehenes de dicho vínculo. Al revés, pues en varios momentos clave, da la sensación de que las intenciones de Marder pasen por golpearnos (incluso aporrearnos) sin piedad. De la superación a la aceptación: borrando la línea que separa a la victoria de la derrota; mostrando un músculo que impresiona a la hora de filmar, pero luciéndose con una sensibilidad que pone al producto por encima de su supuesta necesidad de epatar. “Sound of Metal” impacta por el desgarro de su música, sí... pero sobre todo conmueve por el retrato de los pausados procesos de aprendizaje con los que se va a definir el viaje iniciático del protagonista. Y al final, queda el silencio donde resuenan las lecciones vitales más valiosas.

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