Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Hasta el cielo»

El cine quinqui, trasladado a la «era del trap»

La profesionalización y especialización genérica de Daniel Calparsoro no le ha hecho perder su ADN autoral, porque ese sentido adrenalínico del ritmo cinematográfico ya estaba contenido en su fundacional “Salto al vacío” (1995). Ha terminado por encontrar su sitio en el género de acción, en el que, a día de hoy, se mueve como pez en el agua, sabiendo equilibrar su impronta personal con las influencias foráneas y otras más próximas. Un claro ejemplo de esa estimulante fusión es su nuevo trabajo “Hasta el cielo” (2020), que presenta una evolución del cine quinqui setentero acuñado por José Antonio de la Loma, aunque más bien habría que precisar que se trata de una estilización, porque dicho punto de partida está pasado por el filtro de las películas de gángsters de Michael Mann, de Martin Scorsese o de Brian De Palma.

De estos tres últimos toma el concepto de la ascensión dentro del mundo delictivo, por lo que si bien se parte de un extracto social suburbial o poligonero, la mirada del protagonista apunta hacia los edificios más altos de la ciudad. Esto es algo que ya había esbozado en su filmografía el recordado cineasta catalán Bigas Luna, tanto en “Huevos de oro” (1993) como en su versión femenina de “Yo soy la Juani” (2006). Una escalada que en la personificación de Miguel Herrán se adapta a los gustos y los excesos de la era del trap, en cuanto reflejo de unas modas y actitudes que revelan la cara B del capitalismo, hecha de ambición y apego al dinero fácil.

O tal vez sea más preciso llamarlo dinero rápido, puesto que la velocidad y la urgencia constituyen el “modus operandi” de unos jóvenes ladrones que encuentran en la aceleración vital el camino más corto para lograr sus objetivos. Sin embargo, el acceso al poder se cobra su precio, y obliga a renuncias emocionales. El verdadero amor quedó atrás, ligado a los orígenes del barrio, simbolizado por una Carolina Yuste que crece fulgurantemente como actriz.