«Lo verdaderamente importante es que haya un tejido cultural fuerte»
La galería Lumbreras de Bilbo está inmersa en la conmemoración de sus 25 años de trayectoria. Y lo hace con la exposición que alberga la sala Ondare de la Diputación vizcaina, donde el visitante puede ver hasta el 30 de abril una selección de la colección privada de sus propietarios, Juan Manuel Lumbreras y Mari Jose Darriba.

La muestra la conforman 60 obras –una tercera parte de la colección privada–, ejemplo de las disciplinas a las que se ha volcado la galería: pinturas, esculturas, dibujos, grabados y fotografías. «Yo destacaría su coherencia, que es lo que debe tener una colección», comenta el propio Juan Manuel Lumbreras, reflejo del proyecto artístico que comparte junto a su mujer, Mari Jose Darriba.
Aficionados al dibujo y a la pintura, no dudaron en abrir una galería. «Nuestro objetivo no era vivir de ella, sino disfrutar del arte», cuenta. Hombre de empresa, confiesa que «lo que nos mueve es la emoción que nos generan las obras y la pasión por ellas».
Lumbreras vivió el ambiente artístico desde pequeño. «Provengo de una familia de artistas desde 1800, por parte de padre y madre».
Las cifras son significativas. «A lo largo de estos años hemos llevado a cabo 345 exposiciones individuales con 185 artistas. Teniendo en cuenta que de todos ellos tenemos alguna pieza, la colección llega a las 200 piezas», cuenta.
Con motivo de la muestra se publicará un catálogo digital, en un plazo de varias semanas, y Lumbreras no pierde la esperanza de editar un catálogo que recoja todas las piezas de su colección. Señala que se encuentra en conversaciones con el ente foral, dado que el desembolso económico es considerable. «Estarían referenciadas todas las exposiciones realizadas. Me gustaría que fuese una edición cuidada. Las exposiciones te dejan un recuerdo, pero lo que queda de verdad es el catálogo», apostilla.
Ha recorrido la andadura de la mano de los artistas que ha invitado a su galería, con quienes le une una relación de «complicidad» sostenida en el tiempo. Por ello, reconoce que la labor de selección, condicionada por las dimensiones de la sala Ondare, ha sido complicada, «más cuando los artistas son amigos». A la entrada del recinto expositivo, la lista recoge los nombres de todos los artistas que han pasado por la galería.
El eje principal del proyecto artístico de Lumbreras ha sido el arte contemporáneo, desde la década de los 60 hasta nuestros días. Su núcleo ha sido la escuela vasca, los grupos Gaur, Orain, Hemen y Danok. «Tenemos obra de casi todos los integrantes y hemos expuesto a casi todos –cuenta–. A la pintura y escultura abstracta de los años 60-70 se unen los artistas de las primeras promociones de la Facultad de Bellas Artes, obras que curiosamente fueron figurativas. Sin olvidar a los jóvenes que han ido surgiendo al margen de la facultad».
El espacio cuenta con cuatro espacios. «Son cuatro galerías en una, es un pequeño centro de arte: obras de gran formato, por lo tanto de grandes artistas; obras sobre papel; obras de jóvenes y el fondo de arte», remarca.
El galerista afirma que han sido fieles al espíritu que les llevó a su fundación. «Nuestro objetivo fue que la galería tuviese las puertas abiertas para los bilbainos. La nuestra es una galería querida, la gente nos quiere, nos agradece que sigamos abiertos con un sacrificio patrimonial enorme. Y además, respetada. Hemos hecho un trabajo serio», subraya. Quedan atrás los tiempos en que había alrededor de 25 galerías en la capital vizcaina. «Y todas vivían. Había una oferta más rica, no digo mejor, y se mantenía gracias a los coleccionistas. Creo que también hemos contribuido a ello. Ahora quedamos alrededor de seis galerías –las que funcionamos de verdad–; el resto ha ido cerrando».
Se congratula de haber dado visibilidad a una gran cantidad de artistas. «Es un trabajo enorme y no se ve. El proyecto de mi hija, con gente joven, lo considero esencial», incide.
No obstante, en su opinión, «lo verdaderamente importante es que haya un tejido cultural fuerte, denso, no solo del arte, sino que imbrique con otras manifestaciones culturales. Y eso Bilbao lo ha tenido y lo tiene. ,Tiene una oferta muy fuerte para la dimensión que tiene».
Muestra su nostalgia por los tiempos en los que la galería era un espacio de encuentro, donde se debatía en torno al arte. «Al salir de trabajar, te encontrabas en la galería al galerista –a muchos otros no los verás en su galería en la vida, a menos que vayas a comprar–; al artista –ahora menos, porque trabajamos con artistas de muchos sitios y fondos diferentes–; al crítico –han desaparecido ya– y al coleccionista, al aficionado. Se formaban unos grupos en los que nos íbamos formando».
Pone el foco en el coleccionismo. «Está completamente desaparecido y creo que no se va a recuperar nunca. Tendrían que cambiar mucho la cosa por medio de una ley del mecenazgo que animara a los empresarios a comprar arte. Ellos eran en realidad quienes compraban. Con un 21% de IVA, y al no poder compensarlo con el IVA de la actividad de su empresa, supone una situación gravísima para el mercado».
Lumbreras continúa acudiendo a la galería. «El arte, para bien o para mal, necesita una formación. Al principio, o sabes lo que te gusta y tienes que ir formando tu gusto. Cuanto más se conoce, mayor es el disfrute que obtienes. Sigo en esa dinámica, estoy aquí en la galería, para quien quiera que le explique algo». No ha dejado de aprender. «Tienes que tener humildad para reconocer: ‘Yo sé lo que sé, pero tengo aquí a este artista que me está explicando esto. Y estoy encantado de conocer algo que no sabía’. Vas cogiendo todo ese poso», señala.
Son tiempos de internet. «Ahora ya no sienten la necesidad de visitar la galería y ver si pueden coincidir con la artista, charlar con ella y ver su trabajo. A una obra de arte hay que hacerle preguntas, te tiene que explicar cosas. Te tienes que poner delante de un cuadro para ver qué te dice. Siempre se ha dicho que una obra si no tiene a nadie que le mire no ha nacido, está ahí, en estado embrionario. Este tipo de cosas son muy importantes para el arte y se han perdido. Es el mundo el que ha cambiado. Todavía estamos viendo solo la punta del iceberg de la revolución digital. ¡Va a ser tremendo!».
«El arte necesita formación y la formación necesita dedicación, reposo, el disfrute de la lectura y del visionado. Y ahora todo el mundo va corriendo, todo es para ¡ya! Todo es de usar y tirar. Vivimos en un mundo que en pocos años ha cambiado radicalmente y el cambio es muy pernicioso para el arte», agrega.
«Hay herramientas maravillosas para pintar y esculpir digitalmente y luego eso se traslada a un soporte físico. En diez años se dejará de hacerlo, se venderán imágenes digitales y en casa lo veremos a través de un proyector con una calidad impresionante. ¿Quién va a comprar un cuadro?», se lamenta.
Confía en las nuevas generaciones. Se muestra contento con la incorporación de su hija Begoña a la actividad de la galería. «Es ella la que dirige actualmente. Confío mucho en mi hija, tiene una gran pasión y lo hace muy bien. Tiene en marcha su propio proyecto, centrado en el trabajo con artistas jóvenes, que lo tienen muy complicado. Por lo tanto, ese espacio destinado a los jóvenes formará un núcleo fuerte con jóvenes con talento»,

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