Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Valhalla Rising»

De la guerra entre la barbarie y la civilización

Releyendo entrevistas que el “enfant terrible” del cine danés Nicolas Winding Refn concedió cuando presentaba hace doce años “Valhalla Rising” (2009), me da la sensación de que sabía perfectamente que iba a convertirse en una película de culto, aunque su iluminación no le diera para adivinar el tiempo que iba a tardar en verse en el Estado, contribuyendo aún más a esa aureola de malditismo al sur de Europa. Y decía entonces cosas muy provocadoras, como que el guerrero silencioso, el vikingo sin nombre, encarnado por el hoy encumbrado Mads Mikkelsen, era el “monolito” de Kubrick y que la suya era también una ópera espacial como “2001” (1968). En fin, que le gustaba jugar al despiste, porque de ser así no lo hubiera bautizado, a través del niño que le acompaña, como “Un Ojo”, en clara referencia a Odín, lo que unido al título conecta con la meta de redención para los caídos en combate que representaba el paraíso de la mitología nórdica.

Creo que a la postre tanto el director como su actor han alcanzado el Valhalla cinematográfico, ese olimpo reservado para piezas únicas como la que nos ocupa, y juntos pusieron una primera piedra filosofal con esta creación a caballo entre las no menos geniales “Bronson” (2008) y “Drive” (2011). En su enigmático rol, Mikkelsen introduce una atemporalidad y un misticismo regenerador dentro de un contexto histórico en periodo de transformación, allá por el siglo XII en que la cristianización empezaba a forzar mediante la cruz y la espada el fin de la era pagana.

Los nuevos vikingos conversos, en lugar de llegar a su destino en Tierra Santa, acaban en manos de nativos americanos, accidente que deja clara la dimensión errática de esta odisea espaciotemporal en un retorno a la esencia de la barbarie humana en pleno contacto con la naturaleza frente a la civilización de la mentira invasora.