Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Sweat»

Influencers que se deben a su público

Este es el tipo de película que más me puede interesar en estos momentos, al aportar una visión del mundo actual desde la perspectiva de un treintañero que se ha educado en las nuevas tecnologías y las vive de otra manera muy diferente a quienes crecimos en una realidad analógica. El sueco Magnus Von Horn no carga contra Internet y su viral influencia globalizadora, sino que con toda su frialdad nórdica es capaz de analizar el fenómeno de forma imparcial y sin caer en juicios moralizantes. Va más lejos aún, porque en un ataque de honestidad que le honra considera que el cineasta de hoy en día no es diferente o no se puede creer superior al youtuber o el instagramer que cuelga sus videos o sus fotos en las redes. Todos y todas están dentro del mismo magma audiovisual que inunda las pantallas de todos los formatos habidos y por haber. Se basa en que el influencer encuentra una nueva forma de expresión en el medio digital para exponer y compartir su vida diaria con los demás.

Von Horn no juzga a Sylwia, simplemente la observa tal como es y tal como se comporta las 24 horas. Ella sube material a cada paso que da, porque registra cuanto hace y dice, para que lo vean al instante sus 600.000 followers. Se debe a ellos y ellas, pues no deja de ser su gurú particular del culto a la imagen, basado en el control sobre el cuerpo que hay que ejercitar constantemente. Es una coach de fitness que se preocupa por lo que come, por cada sustancia que ingiere, y por el modo de eliminar aquello que no interesa para el desarrollo ideal de nuestro organismo.

Pero la hiperactividad comporta un caro peaje a pagar, que Sylwia no oculta, compartiendo igualmente sus lágrimas y fases depresivas. Sufre de la bipolaridad que provoca la sobreexposición, bajo la presión de carecer de privacidad cuando realmente se necesita ser uno mismo, algo imposible si la marca importa mucho más que la persona.