Unai Hierro, con los mejores
El corredor del Baqué confirmó con su segundo puesto de Oiartzun por detrás de Xabier Isasa que su triunfo de Antzuola con el mismo rival no fue fruto de la casualidad. Destaca la importancia de su padre Ángel y de su tío Alberto, que fueron ciclistas, en su trayectoria.

Unai Hierro (Etxebarri, 2001) es segundo del Torneo Helduz y tercero del Euskaldun tras confirmar con su segundo puesto de Oiartzun el domingo que la victoria de Antzuola por delante del ganador de las dos últimas pruebas vascas, Xabier Isasa, no fue fruto de un buen día aislado.
Hijo de Ángel Hierro, que corrió cuatro años como amateur, y sobrino de Alberto, profesional en Baqué en 2003 y 2004 con su director David López, Unai destaca la ayuda familiar en su carrera: «Al principio no me planteaba andar en bici, jugaba a fútbol, pero lo dejé y mi padre me animó a empezar en la escuela de Zalla en mi segundo año de infantiles y hasta ahora. La mayor parte de lo que sé de ciclismo es por ellos. Un padre ciclista y un tío profesional te enseñan mucho». En cadetes corrió en el Vicinay y en juveniles en el Punta Galea y su regularidad le llevó a Baqué: «Nunca he destacado, no gané ninguna carrera, pero era muy regular y siempre estaba en la pelea».
Ha decidido apostar por el ciclismo: «Una vez que estás en la pomada te planteas ser profesional. En juveniles me lo tomaba en serio y era muy metódico con todo, pero ahora me entreno más. Voy a apostar un par de años o tres por el ciclismo. Es mi sueño y, si no sale, sabré que lo di todo, no quedarme con la espina de no haberlo intentado».
Destaca que «en mis dos primeras carreras como amateur en Zumaia estuve escapado y en Ereño fui duodécimo, que para ser de primer año estaba muy bien. Me adapté rápido, pero vino el confinamiento y al final corrimos poco y comprimido».
Una victoria especial
Este año en febrero en la Essor Basque se fracturó la clavícula y estuvo tres meses parado, pero ha vuelto muy fuerte y fue capaz de lograr su primera victoria como ciclista en Antzuola «por un cúmulo de circunstancias que ayudan. Nunca había ganado y cuando pasé la meta ni me lo creía. La semana anterior en Beasain hice octavo y el día anterior del kilómetro 70 al 140 estuve escapado en Murgia. Esos dos días me dieron confianza. En Antzuola había bastante nivel. Estaban los mejores, y tuve sensaciones muy buenas desde el principio. En Deskarga me encontré muy bien y en San Asentzio por mi cabeza empecé a pensar en la victoria, me vino la inspiración para atacar, me dejaron ir y salió bien».
Llegó a la meta por delante de Isasa, compañero de generación que sí le superó el domingo en Oiartzun y le arrebató el maillot del Trofeo Helduz en Muxika el lunes: «Llevamos corriendo muchos años juntos y se crean amistades porque siempre vamos adelante los dos y acabas hablando. En Oiartzun a principio de carrera no me encontraba bien, pero sabía que si Isasa se mueve es por algo y cuando se movió para hacer la fuga dije que es la mía y nos fuimos un grupito. En la última subida a Gurutze atacó Isasa y nos fuimos Castrillo y yo hasta meta con él. Ataqué y saqué unos metros, pero se me hizo largo y fui segundo, que sabe a gloria».
«En Muxika –analiza la carrera del lunes– era la primera vez que me veía en esta situación de líder y no supe cómo actuar. Nunca había tenido esa responsabilidad y al principio gasté mucho. Cuando se fue Isasa en la última vuelta no pude cogerle rueda y llegó solo a meta, pero quedan carreras para intentar recuperar el liderato, aunque no me pongo objetivos. Semana a semana cada carrera es una oportunidad de ganar y sobre todo tras tres meses sin correr».

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