Floren Aoiz
@elomendia
JOPUNTUA

Épica hípica para personas normales

Mientras en la parte occidental del país el autómata Iñigo Urkullu anima la temporada de mareado de perdices con una nueva sandez sobre los fueros, en la vieja Iruñea seguimos comprobando las ventajas de que nos gobiernen de nuevo las personas normales que se desvelan por y para las personas normales.

Esta vez la genialidad viene por la parte de la hípica, como se sabe, el deporte históricamente más practicado y amado por las gentes de esta parte del mundo. Retornadas las gentes normales al Ayuntamiento de la ciudad tras cuatro años de estar poseida por entes extraños –que, según algunas fuentes, podrían ser extraterrestres, en todo caso individuos ajenos a la Navarra foral y española de toda la vida–, la normalidad y sus normas normales volvieron al lugar de donde nunca debían haber salido. ¿Qué mejor modo de retomar la socialización entre las personas normales que convertir los fosos de la Ciudadela en un hipódromo y alimentar así la épica que esta sociedad necesita tras confinamientos y penurias de todo tipo heredadas de la legislatura anterior? Con las personas normales al volante, Navarra siempre p’alante. ¡Y a caballo!

Quien pasee por esta ciudad podrá apreciar las caras de felicidad de la gente normal. Ni siquiera las máscaras logran deslucir la alegría de un pueblo que ha recuperado su épica, su hípica y su lugar en el mundo de las personas normales. Nunca estaremos suficientemente agradecidos y agradecidas a Maya y sus gentes normales, pero hemos de señalar también a Esporrín y las suyas, porque sin ellas la normalidad no podría prolongarse. Y si las gentes del occidente rabiáis de envidia, no flipéis, que en el ranking de las personas normales ese holograma que os gobierna no está nada mal situado. Paz y fueros, hermanas y hermanos, que en eso siempre hemos estados unidos. Pero eso sí, conservando las distancias. Como escribió el sabio Del Burgo, Navarra es Navarra.