Simonides cuelga sus historias pintadas en Kutxa Kultur Plaza
Ernesto Murillo «Simonides» (Murchante, 1952) presenta en Kutxa Kultur Plaza una selección de 31 cuadros en los que, fiel a su estilo, escudriña la realidad desde una mirada crítica. La chispa que enciende el proceso creativo puede ser una idea absurda, un acontecimiento político, o una escena cotidiana. «Es bastante variado, como la vida misma, aunque a veces también puede ser aburrida», señala. La muestra se abrió ayer y estará hasta el 12 de diciembre.

La exposición se ha realizado en colaboración entre Kutxa Kultur y la 32ª Semana de Cine Fantástico y de Terror de Donostia. Entre la treintena de obras expuestas la más antigua es una realizada en 2007 y la más reciente, de este mismo año.
La pandemia lo pilló «paseando por el pasillo de casa». «Al no tener el estudio en casa no he pintado, he leído mucho», contó ayer el pintor y dibujante de cómics a GARA.
El artista destaca por su afán en plasmar la cara absurda del día día. Se centra en la narración crítica de la realidad socio-política que nos rodea. «Normalmente lo que hago son muchos bocetos, y luego, cuando voy a empezar un cuadro, miro montones de cuadernillos que voy llenando y elijo. En función del día que tengo elijo un tema triste, alegre, político, absurdo...», indicó.
Continúa fiel a su estilo, a su pintura caracterizada por un trazo sencillo –«no me van las complicaciones, prefiero ir a lo directo», reconoció– donde las figuras humanas destacan por su expresividad.
Su obra es siempre figurativa, con toques de realismo mágico y surrealismo. El de Murchante es contador de historias. En un principio trabajó el cómic y eso se deja ver en su creación pictórica. En este sentido, en su trabajo, la narración siempre tiene más importancia y peso que cualquier resultado estético.
La chispa que enciende el proceso creativo puede ser «una idea absurda que me ha venido no se sabe de dónde ni por qué, pero por algo surge. No lo sé. La idea inicial de un cuadro también puede venir de un acontemiento político, o una escena cotidiana. Es bastante variado, como la vida misma, aunque a veces también puede ser aburrida», apostilló.
La mayoría de los cuadros de Simonides aluden al ser humano, a la existencia misma.
«Podríamos decir que todo su trabajo tiene un planteamiento, nudo y desenlace, desenlace siempre abierto a la mirada del espectador por supuesto», señalaron desde Kutxa Kultur.
«Soy incapaz de ponerme a pintar un cuadro sin tener una idea previa de a dónde voy. El rumbo puede cambiar posteriormente, claro, pero la idea inicial está ahí».
«En realidad el espectador sabe más de la obra que el autor mismo. Es más lo que pueda contar quien ve la obra que lo que pueda decir el artista o un experto. Al final, lo que vale es lo que le llega a espectador», explicó Simonides.
Considera que hoy en día se habla demasiado en torno al arte. «A veces merece la pena, y una explicación te puede ayudar a entender mejor una obra, pero en general yo encuentro que hay demasiada palabrería. Si al espectador no le llega, por mucho que le expliques...».
Acude todos los días a su estudio a pintar. No sabe precisar si lo hace por necesidad. «Eso es algo relativo. Aunque no hiciera nada tampoco pasaría nada».
Han pasado más de veinte años desde que dejó de trabajar el cómic: «Es como tocar el piano, los pianistas dicen que te tienes que ejercitar todos los días. Con el cómic pasa igual, como no lo hagas te falta mano».
Comenzó a publicar sus primeros trabajos a finales de los 70 en la revista “Star” y en el fanzine “El Huerto”. Ha colaborado en diferentes revistas como “Euskadi Sioux”, “El Víbora”, “TMEO”, del que fue uno de los fundadores, y “Ardi Beltza”, entre otros. También ha dibujado para “Egin” y el suplemento dominical “Zazpika” de GARA.

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