140 años después de su nacimiento, ¿seguimos temiendo a Virginia Woolf?
Adeline Virginia Stephen, más conocida como Virginia Woolf, nació en Londres hace 140 años. Considerada como una de las precursoras del feminismo y referente del modernismo literario del siglo XX, su vida y obra siguen siendo fuente inspiradora y gozan de plena vigencia. Ejemplo de ello son propuestas tan recientes como la recuperación de su manuscrito «Memorias de una novelista», editado por Nórdica y que Woolf escribió a los 24 años.

Virginia Woolf nació el 25 de enero de 1882 en Londres. Desarrolló su carrera literaria durante el periodo de entreguerras y años después, en la década de los 70, sus escritos se convirtieron en un referente del movimiento feminista.
Considerada una de las figuras más destacadas del modernismo anglosajón, Woolf formó parte del Círculo de Bloomsbury, un grupo de intelectuales británicos del primer tercio del siglo XX.
La firmante de obras tan referenciales como “La señora Dalloway”, “Una habitación propia” o “Al faro” nunca pudo quitarse de la cabeza “el sonido” de su propia escritura, una prosa poética que impregnó la prolífica y cautivadora obra de una mujer tan inteligente como enigmática. Woolf dejó escrito en una ocasión que «una mujer debe tener dinero y una habitación propia si va a escribir».
Una máxima a través de la cual, la escritora definió la necesidad de una conducta independiente pero quimérica en la opresiva sociedad victoriana que desafió.
La vigencia de su pensamiento también se asoma en su ideal de mente “andrógina”, una cuestión que reflejó en su novela “Orlando” y que subrayó cuando dijo «quizá una mente del todo masculina no puede crear, como tampoco una mente totalmente femenina».
Cumplidos 140 años de su nacimiento, Woolf vuelve a acaparar protagonismo con la publicación de “Memorias de una novelista”, un texto publicado por la editorial Nórdica que no supera las 40 páginas y que la escritora escribió a los 24 años.
Traducido por la filóloga Blanca Gago, esta obra es en su opinión fudamental por que «apunta los temas a los que Woolf se dedicaría toda su vida, a hablar de mujeres que se cuestionan su papel en la sociedad. Woolf quiso jugar con los límites entre realidad y ficción».
A contracorriente
En su monumental biografía “Virginia Woolf. La vida por escrito“ –Editorial Taurus–, la autora argentina Irene Chikiar Bauer condensó en sus más de 900 páginas, fruto de más de seis años de investigación, la búsqueda de una mujer compleja a la que tantas veces se ha intentado etiquetar o, incluso, encasillar. Le tocó vivir un tiempo, finales del siglo XIX y comienzos del XX, en el que incluso las mujeres de su nivel social, la aristocracia intelectual de la clase media-alta británica, estaban condenadas al matrimonio y a una educación basada en los buenos modales y la apariencia. Para Chikiar Bauer «Virginia Woolf lamentó siempre la falta de educación formal –que no se discutía en los hombres– y vivió esta carencia con resentimiento, pero también como una debilidad que se esmeró en superar».
En su última etapa vital, no quiso embarcarse en nuevas singladuras literarias. Dijo que había perdido el arte, que las manecillas del reloj ya ni siquiera dictaban el tiempo en su acrecentado transtorno bipolar. Las bombas alemanas también socabaron su ánimo y a ello se sumó el desconsuelo que le produjo la muerte de su sobrino en la Guerra del 36.
El 28 de marzo de 1941, la escritora abandonó su casa y tras de sí dejó sobre una mesa una serie de cartas que certificaron su última firma sobre un escrito. Al final de su viaje tan solo le aguardaba la corriente del río Ouse. Se puso su abrigo, cargó con piedras sus bolsillos y se sumergió para no regresar jamás.

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