En realidad
Apurando las últimas gotas de la taza donde la infusión caracolea a modo de serpentina de colusiones, los jugos gástricos se conforman con el alivio producido por esa agua tibia que acaba anunciando un tiempo de calma chicha. El cuerpo como principio y fin de las emociones. En el cuerpo terminan las promesas incumplidos convertidas en las partículas que dan inicio a todos los procesos bacteriológicos, víricos y termales que acabarán con diagnóstico o sin él, en un mostrador de una farmacia o en una esquina de un barrio buscando un alivio. En realidad, no sabemos depurar las frustraciones con versos o estribillos, necesitamos la química pura y dura.
Parece que los que menos dan son los que más piden. Los que más tienen los que menos aportan. Los que menos pueden los que más lo intentan. Las sesiones parlamentarias llamadas eufemísticamente de control al gobierno, en realidad son sesiones de ventriloquía y autoficciones para aquellos que no tienen a mano un boletín oficial del Estado, ni de la comunidad, ni están bien vistos en los púlpitos mediáticos o no se atreven a subirse a un árbol en el parque de su barrio para gritar que está muy caro el pescado. No son diálogos de sordos, son encuentros de coleccionistas de postales antiguas. Los sordos saben comunicar su verdad. Estos engolan la voz para esconder sus intenciones.
Todo lo que sucede en la calle es en realidad un representación de lo que no sucede en la vida política real. Cuando colectivos tan amplios deciden protestar airadamente para defender sus pequeños porcentajes de bienestar, en realidad, los taxidermistas ya tienen disecado al animal que se sacrificará para que los brujos del Capital sigan teniendo resultados contables escandalosos. Unos saltan a la pata coja y los otros con propulsión neumática e inteligencia artificial.

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