OFICIO Y MUCHO MORRO FRENTE A LA DESCONFIANZA MASCULINA
EL DE LA CONSTRUCCIÓN ES UN SECTOR QUE NECESITA «REFLEXIONAR» Y «ACTUAR» EN LO REFERENTE A LA EQUIDAD DE GÉNERO. ASÍ ABRIÓ LAS JORNADAS ‘NOSOTRAS CONSTRUIMOS. DIÁLOGOS PARA LA TRANSFORMACIÓN’ LA DIRECTORA DE LA ESCUELA DE CONSTRUCCIÓN DE GIPUZKOA (EAGI). CUATRO TRABAJADORAS ATERRIZARON EL TEMA CON SUS PROPIAS EXPERIENCIAS.

El evento sobre las mujeres que trabajan en la Construcción –organizado por EAGI, el Colegio Oficial de Arquitectos Vasco Navarro (Coavn), la asociación de empresas de construcción guipuzcoanas Ascongi y el Colegio Oficial de Aparejadores de Gipuzkoa (Coaatg)– celebrado ayer en la Cámara de Gipuzkoa contó con la presencia de representantes de todas estas asociaciones, quienes radiografiaron con datos la situación de las mujeres en este sector.
Datos que evidencian que la igualdad en la mayoría de los escalafones del sector está lejos de lograrse, aunque, como matizaron las ponentes, «antes estábamos mucho peor». Cifras como esta: las mujeres matriculadas en los tres ciclos de construcción que ofrece Eagi componen solamente el 23% del total del alumnado.
En el Colegio Oficial de Aparejadores también sienten esta desigualdad. Según explicó la presidenta, Nagore Azuabarrena, el 74% de los colegiados son hombres frente al 26% de colegiadas mujeres. Además, el 93,5% de las sociedades profesionales colegiadas están compuestas por hombres.
Otro detalle: de la legalización de los proyectos se encargan las mujeres en un 100%. Es decir, son ellas, cuando la obra se ha realizado sin proyecto previo, las que se encargan de «solucionar las cosas que no se han hecho», como relató Azuabarrena. «Solemos llegar a apagar fuegos muchas veces», destacó.
En Arquitectura, la desigualdad sucede de una manera diferente. Como en todo el sector de la Construcción, el alumnado masculino superaba hace dos décadas al femenino, hasta que en 2015 se empezó a revertir esa curva y, a día de hoy, hay más mujeres que hombres cursando el grado de Arquitectura. Pero los méritos son otro cantar: a pesar del creciente número de arquitectas, los que visan o firman los proyectos son mayoritariamente hombres, con una diferencia abismal. «Los proyectos no llevan nuestro nombre», subrayó Juana Otxoa-Errarte, de Coavn.
Las espaldas cubiertas
Quienes saben lo que es trabajar en un sector tan masculinizado como el de la Construcción (en el Estado español, el 90,4% de los trabajadores son hombres) son las que están a pie de obra, brocha en mano, cableado al frente u hormigón a la espalda. La oficial de reformas Suany Soriano, la albañil Aintzane Murillo, la electricista Saioa Izagirre y la pintora Ane Zabala confesaron inseguridades y haber recibido comentarios malintencionados, pero quisieron convencer al público, en su mayoría estudiantes, de que la construcción merece la pena.
Todas ellas han causado sorpresa a sus compañeros varones por el hecho de ser mujeres obreras. «Voy a una casa a pintar y los decoradores me preguntan si antes me dedicaba a pintar cuadros. Algunos compañeros me decían que cuidado, que me podía hacer daño. Pero yo sabía que podía hacerlo sola», contó Soriano.
Saioa Izagirre, que lleva veinte años trabajando como electricista, bromeó con que si le diesen un euro por cada vez que ha escuchado «¡una mujer electricista!», tendría un sobresueldo. Aunque después apostilló: «Tengo la espalda cubierta de comentarios y miradas. Ya no me afecta. No podemos entrar al trapo con cada comentario. Si no, ni vivimos ni disfrutamos de nuestro trabajo».
A Aintzane Murillo, cuando empezó a trabajar, los camioneros le decían que no le darían más que un poquito de hormigón para que lo cargara. Murillo se negaba, les pedía que echaran más, aunque al principio le costaba. «Ahora llevo las probetas de dos en dos», celebró, y dijo que ya no le hacen ningún comentario: «Te miran, nada más. Les pica la curiosidad».
Ane Zabala, por su parte, cree que a veces es más peligroso lo que no te dicen que lo que te dicen. «Por la parte de atrás hay un runrún, estamos como envueltas en niebla. Esa niebla está, no lo vamos a negar, pero depende de tu actitud puedes hacer de la adversidad virtud. Sí que he visto machismo en grupos de trabajo, hay mucho paternalismo y es muy cansino. Pero es verdad que hay hombres que te apoyan. Me ha pasado pocas veces en la vida, pero me ha pasado, que te apoyen, que te promuevan», señaló.
Las trabajadoras están convencidas de que llegará el día en que la construcción sea un sector equitativo y animaron a las estudiantes a que «sigan, sigan y sigan», a pesar de todo. También les dieron dos consejos: el primero, que pedir ayuda «nos hace más fuertes». Y el segundo: «en la obra, échale morro, porque si no, te comen».

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