Raimundo Fitero
DE REOJO

Procedamos

Alguna manera de salvaguardar la retórica es inocular socialmente o inocularse individualmente la idea fundamentalista de que la democracia es procedimiento. Y entonces vino un pájaro de alas negras y garras de plastilina que susurró, ¿qué es el procedimiento? Y empezó una guerra ortográfica y filosófica que inundó las paredes de frases publicitarias con aires de auto defensa de la irregularidad como norma y complacencia absenta de crítica; salieron de sus sarcófagos los templarios de la legalidad en tiempos de risas; los poetas volvieron a cantar en las rotondas y en las tabernas se suprimieron los partidos de fútbol.

En este contexto es más fácil creerse todo lo que se sucede en el imaginario colectivo en forma de tendencia electoral. Ese voto que se usa a favor o en contra. Ese voto que nadie sabe atrapar previamente en las encuestas, que se inicia en un mensaje secreto recibido en estado eufórico o depresivo, en una receta culinaria mal interpretada, en una imagen repetida mil veces en todos los frentes de incomunicación que va construyendo una mitología variante, inconsistente, de usa y tirar. Vale, ¿y el procedimiento? Procedimiento eres tú.

Estamos en elecciones en Hungría, en una semana en Francia, el mes que viene Colombia. Pocas bromas. En todos estos procesos electorales hay procedimiento, pero las condiciones son tan dispares que es difícil hacer un canto general. Por eso, y por tantas cosas, acabo de sentir un calambrazo procedimental absoluto e irreversible. Dice Ayuso del PP: «somos el partido del pueblo, de la clase media, de la infancia y los mayores, de los que triunfan y de los que pasan dificultades». Procedamos. Estos mensajes, como el de las cañas y la supuesta libertad, calan. La estupefacción debe convertirse en argumentario político para rebatir.