Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «París, Distrito 13»

Sexo en tiempos de incomunicación

Tomando como referencia las viñetas creadas por el artista estadounidense Adrian Tomine, Jacques Audiard ha elaborado un excelente retrato urbanita de connotaciones milennial cuya trama se escenifica en el populoso Distrito 13 Les Olympiades de París, salpicado de grandes torres, pagodas o simulaciones arquitectónicas de Asia y restaurantes de comida oriental. La soledad, el desencanto y los anhelos se dan cita en un paisaje urbano habitado por un cruce interracial de gentes que comparten vecindario en colmenas en las que se escuchan todo tipo de idiomas. Con el refuerzo en el guion de Léa Mysius y Céline Sciamma, el firmante de piezas maestras como “Un profeta” o “Los hermanos Sisters” se aleja del tono rudo para elaborar una crónica en la que impera la grisura de una generación marcada por dos crisis, la económica y la provocada por la pandemia, y en la que se cuelan los retazos del “Manhattan” filmado por Woody Allen y el cine de un Éric Rohmer que se cuela en cada esquina de este paseo por un entorno captado con precisión por la evocadora fotografía en blanco y negro de Paul Guilhaume y una banda sonora que se ajusta como a un guante y que lleva la firma del músico electrónico Rone.

En “París, Distrito 13” todo fluye con naturalidad, topamos con personajes y situaciones perfectamente reconocibles que reniegan de lo trascendental y en beneficio de una sencillez que cautiva por su cercanía. Todo ello descrito a través de las tribulaciones de cuatro personajes interpretados por los actores debutantes Noémie Merlant, Lucie Zhang, MakitaSamba y Jehnny Beth.

El sexo, el imaginario virtual y la penumbra que asoma al día siguiente de una mecánica cotidiana en la que impera la necesidad de sobrevivir emocionalmente, se dan cita en este paseo por Les Olympiades.