Zelenski, la mano y la llave
La declaración por parte del Gobierno ucraniano del presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, como persona «non grata» cuando tenía previsto viajar a Kiev en una comitiva ha generado una crisis diplomática. Al punto de que el canciller germano, Olaf Scholz, correligionario del desairado Steinmeier (SPD) suspendió, institucionalidad obliga, su propia visita a Ucrania.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, puede estar indignado por la política contemporizadora que, como ministro de Exteriores, defendió Steinmeier y aplicó la canciller alemana Merkel para con el país que les ha invadido –heredera, por cierto, de la Ostpolitik del SPD– y por las dudas de Berlín a la hora de enviarle armamento pesado.
Pero, henchido quizás por el eco de sus videoconferencias y proclamas en los parlamentos y foros occidentales, el otrora actor se ha excedido sin duda en esta toma. Porque debería saber distinguir entre el apoyo que le brindan los EEUU y Gran Bretaña, ya fuera de la UE, y los consensos y sensibilidades distintas que deben tener en cuenta los Veintisiete para forjar medidas conjuntas.
No parece muy inteligente desairar a Alemania, que, junto con el Estado francés, compone el núcleo duro de la Unión. Un Estado francés que, por si fuera poco, se juega su co-liderazgo y futuro en el seno de la UE el próximo domingo en el duelo entre Macron y Le Pen.
Menos aún cuando el único futuro que le puede quedar a Ucrania es entrar precisamente en la UE. Ya puede tocar entonces el timbre a Washington y Londres. Igual ni le reciben. Como él a Steinmeier. No muerdas nunca la mano del que tiene la llave para abrirte la puerta.

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