Llegan a Zaporiyia los primeros evacuados de la acería Azovstal
Los primeros civiles evacuados de la acería Azovstal, en Mariupol, llegaron a Zaporiyia tras dos días para recorrer unos 220 kilómetros entre minas y ataques de morteros. Relataron «historias devastadoras» de lo vivido ocultos durante dos meses. Poco después de la evacuación, el Ejército ruso atacó posiciones ucranianas en la acería.

Los primeros civiles evacuados de la acería de Azovstal, en Mariupol, llegaron ayer a Zaporiyia, a algo más de 200 kilómetros de la ciudad portuaria. Los autobuses llegaron escoltados por Naciones Unidas y Cruz Roja con mujeres, niños y ancianos, en una de las operaciones más delicadas de la guerra, acordada por Rusia y Ucrania con la mediación de la ONU, y que comenzó el viernes.
Las partes tuvieron que pactar horarios, ubicación, ruta de evacuación y otros pormenores logísticos, así como exactamente quiénes podían ser evacuados por voluntad propia. Según relataron los evacuados, militares rusos en los puestos de control chequearon sus teléfonos y les interrogaron sobre las posiciones de los soldados ucranianos.
Además, la salida fue dificultosa y el viaje más largo de lo previsto, por los puntos de control y el paso por territorios de combate que les obligó a dormir en el camino. En el trayecto se encontraron minas, municiones sin explotar y ataques de mortero. «No tengo ni idea de dónde venían», explicó Sebastian Rhodes, de Naciones Unidas.
Finalmente, en el convoy llegaron los primeros civiles que lograron salir de la acería, donde permanecieron dos meses junto a soldados y combatientes del batallón Azov.
La ONU confirmó que fueron 101 personas los que pudieron ser evacuadas de la acería Azovstal. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) señaló que mientras el convoy de autobuses y ambulancias salía de la ciudad algunas personas solas, familias –a pie o en vehículos– se incorporaron para estar protegidas, como 58 civiles en el distrito de Manhush, en las afueras de la ciudad.
Finalmente un total de 127 personas recibieron atención sanitaria y sicológica en Zaporiyia, mientras el resto optó por quedarse en Mariupol, según el representante de la ONU en Ucrania, Osnat Lubrani, quien escuchó de primera mano «historias devastadoras» que dan cuenta del «infierno» vivido.
«Hubo un momento en que perdimos la esperanza, pensamos que todos se habían olvidado de nosotros», señaló a su llegada una de las evacuadas, Anna Zaitseva, con un bebé de seis meses en sus brazos.
«Esperábamos que pudieran sumarse más personas. Se necesitan con urgencia acuerdos similares entre las partes para aliviar el inmenso sufrimiento de la población civil», señaló el CICR. Los desplazados llegan usualmente agotados, con incertidumbre, y tristeza por las pérdidas en proceso. En el caso de los evacuados de la fábrica, la situación se agrava porque salen después de dos meses sin ver la luz del sol.
Había, según una de las evacuadas, Yekatherina, 30 refugios y algunos de ellos han sido destruidos. Hasta allí muchos llegaron huyendo de la destrucción de sus casas. Al inicio una mujer se encargaba de preparar la comida de todos. Los adultos solo comían una vez al día, en el desayuno, mientras que los niños comían más veces.
En el interior de Azovstal quedan aún centenares de personas y también numerosos soldados que, según relató otra joven, están heridos sin acceso a medicamentos y «mueren cada día».
Además de los evacuados de Mariupol, hasta Zaporiyia siguen llegando centenares de personas que huyen de la zona del Donbass en sus coches particulares arriesgando sus vidas.
El presidente ucraniano, Voldymyr Zelensky, indicó que para hoy también se espera poner en marcha los corredores humanitarios de Berdyansk, Tokmak, Vasylivka.
Ataque ruso tras la evacuación
Poco después de la llegada de los desplazados, el subcomandante del batallón neonazi Azov Sviatoslav Palamar, aseguró que Rusia había lanzado un asalto a la acería «con el apoyo de vehículos blindados, tanques, con intentos de desembarco de tropas, con la ayuda de barcos y una gran cantidad de elementos de infantería», provocando la muerte de dos civiles.
Por su parte, el Ministerio de Defensa ruso negó que se tratara del «asalto final» y afirmó que sus aviones y artillería comenzaron a destruir las posiciones de tiro del regimiento Azov que había aprovechado el alto el fuego decretado para evacuar a los civiles para salir de los sótanos de la acería y posicionarse en el territorio y en los edificios de la fábrica. La ofensiva rusa sigue también en el este del país, donde Jarkov, y las ciudades cercanas continúan siendo bombardeadas. En Donbass, al menos nueve personas murieron en ataques en la región de Donetsk, según las autoridades de Kiev. Y en el sur del país, Odesa volvió a ser objetivo de los misiles rusos. El mando militar ruso informó de que atacó con misiles un centro logístico situado en un aeródromo militar en la región de Odesa, donde el Ejército ucraniano recibía armamento procedente de EEUU y países europeos, destruyendo hangares con drones Bayraktar TB2 y cohetes, así como una lanzadera de misiles antiaéreos S-300 en las afueras de la ciudad de Mikolaiv, una región donde las fuerzas ucranianas aseguraron haber frenado operaciones terrestres rusas.
Las autoridades ucranianas también informaron de un ataque ruso contra una planta química de la ciudad de Avdiivka, en la provincia de Donetsk, que dejó al menos diez muertos.
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