Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «Red Rocket»

Polvo, donuts y una bragueta despreocupada

Un repaso a la filmografía de Sean Baker nos descubre que se trata de un consumado cronista de la trastienda norteamericana. Con películas, las más recientes, como “Tangerine” (2015) y “The Florida Project” (2017), abordó una tipología de personajes habitualmente señalados por la sociedad y condenados a sobrevivir en lo que comunmente se conoce como la “América profunda”. En el caso de su último trabajo, dicho mapa nos ubica en una pequeña localidad de Texas, un rincón olvidado en el que nació una otrora rutilante estrella del porno que dejará tras de sí el frenesí de Los Ángeles para pasar desapercibido en el pueblo en el que se crió. El argumento concentra su atención en la irrupción del protagonista en una comunidad cerrada y en la que impera el rasero de la doble moral. Señalado por sus vecinos debido a su profesión, el personaje encarnado por Simon Rex encontrará mil y un complicaciones en su empeño por asentarse en la ciudad y encontrar trabajo.

Si en su apariencia puede resultar una historia ya recreada con anterioridad, lo que hace de “Red Rocket” tan especial es su desparpajo a la hora de abordar diversos temas que torpedean la línea de flotación de la moralidad. El protagonista encuentra su oasis emocional en la presencia de una Lolita rural que trabaja como dependienta en una tienda de donuts.

De esta manera, cada cual ubicado en su lado correspondiente del mostrador, se establece una comunicación salpimentada, o mejor dicho azucarada, con un entorno fiero, despreocupado, sexual y salvaje que se personifica en la relación que el personaje, un sujeto arrogante pero simpático, mantiene con un entorno decadente, uno de esos lugares olvidados en los que anidó tan bien el ideario de Trump. Baker capta con precisión la estimulante odisea de su protagonista y delega en el espectador la inteligente opción de su desenlace.