Milenarismo
Ahora que el escenario bélico se ensombrece aún más en Europa del Este amenazando la dejadez del confortable Oeste, Eurovisión regresa con una Ucrania victoriosa en un desconcertante concurso que es el reflejo de un sistema de merchandising puesto a punto en el siglo pasado por el neoliberalismo estadounidense, un carpe diem basado en el consumo y que ha acabado por promocionar un individualismo exacerbado que una gran marca francesa de cosméticos resumió en el popular eslogan «porque yo lo valgo». Y porque algo debió de valer, el decimonónico militar y explorador francés del Sáhara, Charles de Foucauld, reconvertido en ermitaño y martirizado por impíos magrebíes en ese mismo año en el que miles de compatriotas morían destripados en trincheras como las de Verdún, fue canonizado ayer en Roma, en olor de multitudes en uno de esos actos medievales que sorprendentemente siguen manteniendo su particular raigambre en este digitalmente pecaminoso siglo XXI. Los otros mártires, los que fueron muertos por guerras que no les importaban, no tienen santidad alguna, como tampoco la tienen sirios, afganos o palestinos. Tampoco rusos ni ucranianos. Se ha vuelto a armar una guerra santa y se ha vuelto a construir un relato dogmático al que sigue un matadlos a todos, que dios reconocerá a los suyos. Mil años de involución hacia el milenarismo.

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