El cine ambicioso pero caro de Mainetti

Con su ópera prima “Le llamaban Jeeg Robot” (2015) Mainetti ganó siete premios David Di Donatello, además de triunfar en el Festival de Sitges. Con su segundo largometraje, “Freaks Out” (2021, ha recibido una estatuilla menos, quedándose en seis. No es que quiera cuantificar sus producciones, pero lo cierto es que su nuevo lanzamiento es todavía más ambicioso y ha costado bastante más: unos trece millones de euros que dificilmente podrá recuperar. Entiendo que las esperanzas del nuevo cine italiano estén puestas en él, porque aúna la tradición de la comedia y el neorrealismo locales con la modernidad del género fantástico de superhéroes. Pero la ambición desmedida tiene su precio y corre el peligro de resultar excesivo en sus delirios de grandeza, por no hablar de la deuda artística que acumula.
Y es que va tomando cosas prestadas de toda la historia del cine, y en orden cronológico, se podría citar a Tod Browning y “Freaks” (1932), a Victor Fleming y “El mago de Oz” (1939), a Federico Fellini y “La Strada” (1954), a Luchino Visconti y “La caída de los dioses” (1969), a István Szabó y “Hanussen” (1988), a Terry Gilliam y “Las aventuras del Barón Münchausen” (1988), a Tim Burton y “Batman” (1989), a Bryan Singer y “X Men” (2000), a Quentin Tarantino y “Malditos bastardos” (2009), a Taika Waititi y “Jojo Rabbit” (2019), o a Guillermo Del Toro y “El callejón de las almas perdidas” (2021).
¿Cómo puede caber semejante cuota multireferencial en una sola película? Pues muy fácil, porque Mainetti reúne un grupo de fenómenos de circo que tienen superpoderes y deberán utilizar para luchar frente a la invasión nazi, junto con las brigadas partisanas en la Roma de 1943, donde se ha instalado un siniestro espectáculo de cabaret berlinés regentado por un pisicópata megalómano seguidor del Führer.

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