Lecturas de los evangelios
Lula da Silva con un micrófono en la mano, su voz ronca, dando un mitin ante sus seguidores se convierte en una imagen de la posibilidad de regeneración de la vida política brasileña. El calvario personal y político sufrido por Lula y su sucesora, Dilma Roussef, es la historia evidente de la capacidad de los poderes fácticos para utilizar la justicia partidista, los medios de comunicación como una infantería a su servicio para destruir partidos políticos, corromper los principios democráticos y colocar jefes de gobierno a su antojo. Uno de los ejercicios de golpe de estado judicial más efectivo y que ha tenido efectos mantenidos en el tiempo.
Bolsonaro es el fruto de toda esa corrupción política y judicial. Sus maneras de gobernar son las de un déspota absolutamente desquiciado que no responde a un modelo democrático solvente, que llegó al poder tras todas esas manipulaciones previas y rezando al lado de los miles de grupúsculos evangelistas que han ido adquiriendo un poder desmesurado en Brasil y que son, realmente, un problema debido a sus tentáculos en judicatura, política y policía para ejercer presión y poder real. Se da la paradoja de que, hasta ahora, la cúpula del ejército ha sido mayoritariamente católica, lo que ha mantenido un equilibrio y siempre se esperaba una movimiento militar para acabar con Bolsonaro en sus momentos más delirantes.
Esperemos que Lula gane con otras lecturas de los evangelios y que Bolsonaro no logre confundir y admita los resultados, porque ya están, al estilo Trump, anunciando que van a ser unas elecciones trucadas. Atentos.

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