Un dilema estratégico
Advierto de mi duda integral. Escucho y leo con mucha atención a todas las personas que opinan sobre el acto voluntario de la primera ministra de Finlandia, Sanna Marin, de hacerse un test de drogas que, por cierto, ha dado negativo, para acabar con la velada acusación de que en aquella fiesta grabada se escuchaba una frase suelta que podía inducir a que se estaban consumiendo drogas. Es claro que la iniciativa de reproche la abanderó el Partido de los Finlandeses, antes “Los verdaderos finlandeses”, de extrema derecha y que rezuma machismo y, algo peor, un desprecio directo por su edad, por su concepto de la vida.
Sean de una supuesta tendencia política o su contraria, muchas opiniones coinciden en que ese test es un acto de sumisión, que abre una puerta a una dependencia a las peticiones de la oposición. Para mí es un acto de soberanía personal, de enfrentar el tema sin ambages y con rapidez, de no dejar que aumente la rumorología. Es la máxima mandataria, representa a un gobierno de coalición, por lo tanto, debe alejar toda sospecha. Y que conste que, si el test hubiera dado positivo, moral y políticamente, para mí no habría diferencia. Si puede tomar alcohol, puede tomar cocaína, cannabis, MDM, o lo que le dé la gana. Con moderación y de manera recreativa. Aunque no sea nada recomendable.
El dilema se me contesta desde la estrategia política. Desconozco la realidad finesa, pero la transparencia es un bien democrático. Lo terrorífico es la intromisión en la vida privada de Sanna por intereses partidistas. Y la pulsión de grabar vídeos y colgarlos en la red.

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