Iratxe FRESNEDA
Docente e investigadora audiovisual

Volver

Podemos sentirnos afortunadas por pasar unos días cerca del mar (y esperamos con ansiedad que haya más), por tener la suerte de reencontrarnos con amigos y familiares queridos, por poder leer un libro sin estar pendiente de los relojes, por cocinar y caminar sin prisa, por vivir algo más salvajes. Esas son las vacaciones ideales para muchas de nosotras. Volver resulta, en cambio, por lo menos engorroso. Es duro pensar en apretarse en los uniformes civilizados y dejar de lado las camisas relajadas y las chancletas para todo.

Volver significa entrar en la dinámica profesional sin anestesia, pensando en el invierno largo y al mismo tiempo buscando pequeñas felicidades en las tardes oscuras y lluviosas, en los días cortos y en las jornadas laborables que nunca terminan.

A veces parece que se acabe el mundo en agosto, el último día del mes se asemeja a asomarse a un precipicio y no estamos preparadas para ello. Por suerte, este es un drama de poca monta, de esos que pasan pronto, de los que olvidamos en cuanto entramos en las ruedas de actividad para ratones. Cada vez más me viene esa imagen a la mente cuando pienso en el fin de las vacaciones y en regresar. Nosotras corriendo en una rueda que no para. Ya va siendo hora de ponerle un cascabel al gato, ya va siendo hora de juntarnos y liberarnos un rato de la rueda.