La historia que termina
Resulta inevitable que mientras escribo este obituario suene en mi cabeza la pegadiza canción de Limal que sirvió de banda sonora a “La historia interminable” (1984) que, no lo olvidemos, era una producción alemana basada en la novela homónima escrita por Michael Ende. Y es que, sintomáticamente, a pesar de haber acabado en Hollywood, el alemán Wolfgang Petersen realizó todas sus películas importantes en su país natal.
Su carrera no hubiera sido la misma sin la película “El submarino” (1981), esa gran obra maestra del cine bélico que devolvió a Alemania los derechos autorales de una parte de la historia que le pertenecía, por más oscura que fuera y por más sumergida que estuviera.
En gran medida su impacto internacional se debió a la convincente presencia del actor Jürgen Prochnow, con el que ya había trabajado en su ópera prima de 1974. En unos inicios que generacionalmente le podían haber ligado a Petersen con los Herzog, Schlöndorff o Fassbinder del Nuevo Cine Alemán, pero prefirió ir por libre, aunque “La consecuencia” (1977) o “El jugador de ajedrez” (1978) encajaban con el ideario de aquellos autores.
La historia de Petersen ha terminado a los 81 años y el gran público le recordará por ser el director de Clint Eastwood en “En la línea de fuego” (1993), de George Clooney en “La tormenta perfecta” (2000), o de Brad Pitt en “Troya” (2004).

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