La falta de unidad independentista marcará los actos de la Diada
A diferencia de las pasadas ediciones, ERC ha decidido descolgarse de la tradicional manifestación convocada por la Assemblea Nacional Catalana, que recrimina al Govern su incapacidad de trazar un camino que ayude a avanzar hacia la independencia y reprocha a los republicanos buscar en Madrid «un diálogo que el Estado español desmiente un día sí y otro también».

Hace cinco años del 1 de octubre y, desde entonces, el independentismo catalán no ha hecho más que lamerse las heridas y buscar la manera de recuperar el pulso con el fin de plantear un nuevo embate con el Estado. Pero, sin un diagnóstico compartido del que emanó el referéndum de 2017, las distintas formaciones se han instalado en una espiral de reproches y acusaciones mutuas que parece no tener fin.
Pese a que ERC y JxCat acordaron conformar un nuevo ejecutivo de coalición, ambos partidos y la CUP no han cesado de manifestar sus discrepancias respecto a la estrategia para resolver el conflicto y lograr un escenario de ruptura. Estas divergencias, sumadas al incremento de la represión por parte del Estado y el caso de Laura Borràs, cuya suspensión de funciones como presidenta del Parlament ha crispado aún más el ambiente, han llevado al hartazgo a las principales entidades soberanistas.
En este contexto hay que situar el manifiesto de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), que, en un salto cualitativo de su discurso, quiere que la Diada de hoy sirva para evidenciar el rechazo a unos políticos que, según afirma, «se han acomodado al autonomismo y no se comprometen con una hoja de ruta que permita a Catalunya salir de la parálisis para ejercer la autodeterminación».
Un divorcio anunciado
En una postura similar a la del año pasado pero más elevada en el tono, la ANC expresa abiertamente su desacuerdo con el papel de los partidos soberanistas. «Después de obtener el 52% de votos en las elecciones de 2021, han dejado de lado el conflicto con España mientras la justicia ha emprendido nuevas causas contra miles de activistas, se ha acrecentado el expolio fiscal y la carencia de inversiones en infraestructuras se hace cada vez más insoportable». Frente a esta situación, la entidad considera que «ha llegado el momento de rendir cuentas y hacer valer nuestra mayoría democrática, sin estragos pero con toda la determinación».
Pese a que la ANC ha afirmado que la marcha bajo el lema «Tornarem-hi per vèncer: independència!» (Volvamos para vencer: ¡Independencia!) no va contra nadie, el mensaje que proyecta no ha sentado nada bien al Govern ni, mucho menos, a ERC. Sobre todo porque recrimina al partido de Oriol Junqueras que «considere a España un Estado democrático con el cual se pueden negociar los derechos nacionales de Catalunya».
En un reciente evento, la presidenta de la ANC, Dolors Feliu, dijo en alusión a los republicanos que «algunos se van a Madrid a establecer un diálogo que el Estado español desmiente un día sí y otro también». Una crítica que, en opinión de Junqueras, criminaliza la apuesta por el diálogo que ERC está liderando en solitario con el Ejecutivo de Pedro Sánchez.
En términos similares se ha expresado el president de la Generalitat, Pere Aragonès, quien ha justificado su ausencia a la convocatoria de la ANC esgrimiendo que la histórica entidad ha perdido el carácter inclusivo y transversal que le había caracterizado desde 2012, gracias al cual consiguió que el movimiento cogiera músculo de cara al referéndum de 2017.
De esta manera, el anunciado divorcio entre ERC y la Assamblea se visualizará con una manifestación en la que los convocantes aspiran a «incrementar la exigencia política» para que el nuevo embate con el Estado se produzca antes de las próximas elecciones catalanas, previstas en 2025. No solo eso: tal y como reza en su manifiesto, la ANC anunciará la intención de recabar el máximo de apoyos para conformar «una lista cívica de personas dispuestas a implementar el mandato del 1 de Octubre».
Una posibilidad que, desde la perspectiva de ERC, supondría un error mayúsculo, pues implicaría la creación de un cuarto espacio político y, por consiguiente, una mayor división -cuando no el debilitamiento- del conjunto del independentismo.
Este órdago de la ANC, en cambio, no ha impedido que tanto JxCat como la CUP hayan optado por secundar la manifestación, alineándose con las voces para las cuales la apuesta de ERC por la Mesa de Diálogo no tiene, vistos los resultados obtenidos hasta ahora, ningún tipo de recorrido. Así, mientras el partido de Puigdemont entiende que la marcha anual debe evidenciar que el conflicto sigue latente, la CUP entiende que la calle es la herramienta sin la cual el Govern no se verá forzado a retomar la estrategia de la desobediencia civil y la confrontación.
Con el lema «Ens movem perquè tot canviï» (Nos movemos para que todo cambie), los anticapitalistas mantienen su marcha de la tarde junto al resto de grupos de la izquierda independentista. Una convocatoria que, para su portavoz, Eulàlia Reguant, pretende hacer hincapié en «la inacción del Govern en el terreno nacional, así como la desafección que generan las batallas partidistas entre ERC y JxCat», de ahí su convicción de que «hoy más que nunca, es necesario manifestarse».
Òmnium Cultural, punto de encuentro
Pese al ambiente enrarecido que se respirará, la Diada también dará margen para el reencuentro de posiciones. Al menos, este es el objetivo del acto que, bajo el lema «Fem un país lliure. Activem-nos per guanyar» (Hagamos un país libre. Activémonos para ganar), Òmnium Cultural ha convocado para al mediodía en el Arc de Triomf de Barcelona.
Un acto al que asistirán los principales dirigentes independentistas, incluido el president de la Generalitat, Pere Aragonès, conscientes del consenso que suscita Òmnium en torno a la amnistía y la autodeterminación y su papel de recoser la sociedad catalana en base a lo que su expresidente, Jordi Cuixart, bautizó como «luchas compartidas».
Se espera que no falten a la convocatoria miembros de los tres partidos soberanistas ni tampoco representantes de colectivos que luchan por la defensa de la lengua catalana, el derecho a una vivienda digna, la soberanía energética, contra el racismo o por la acogida de refugiados. También será el momento para que Òmnium dé voz a los colectivos juveniles afectados por el «Catalangate», la infiltración por parte de agentes policiales y contra la cual la entidad de Xavier Antich ha presentado una denuncia contra el Estado por vulneración del derecho a la intimidad y a la asociación. Òmnium Cultural aspira a convertir la represión en una herramienta que ayude al independentismo a cerrar heridas y recuperar espacios de trabajo conjuntos.
El cariz cívico de la entidad, acuñada en la no violencia y atravesada por su arraigada actividad cultural, permitirá que la Diada tome un aire más lúdico y distendido, lejos de las discrepancias que se reflejarán en las proclamas y las marchas convocadas durante el resto de la jornada.

Cuatro grandes sombras oscurecen aún más la inoculación de vacunas caducadas

Expectación tras hallarse un planeta similar en tamaño y órbita a la Tierra

Pradales rubricó el PGOU por el que se imputa a la exalcaldesa de Zaldibar

La adicción a la pregabalina no para de crecer en los márgenes
