Berrinches, eructos y canciones de Estopa
Pilar Palomero (“Las niñas”) celebra hoy a las madres y aplaude sus combates diarios reconociéndolas en toda la complejidad de sus contextos. Palomero mira a “La Maternal”: allí se ocuparán de Clara (Carla Quílez), una niña de catorce que aún carcajea con las bizarradas del porno, pero sin quererlo se ha quedado embarazada de su mejor amigo. El centro es lugar de comunidad y cuidados. Diríamos que el cine no molesta en una película volcada en capturar la química resultante de unos diálogos precisos y aterrados. Con “La Maternal”, Pilar Palomero se ratifica como otra gran maestra de las voces naturales.
Ellas ponen en escena la complejidad de la primera crianza, un proceso que pendula entre la devoción y el rechazo: “La Maternal” ilustra con claridad didáctica el desgaste tras noches de insomnio o el agobio que nace de un imperativo “relájate”… Siempre con la máxima de que la maternidad es una guerra que cada cual lucha como puede. Asimismo, la película entiende el ser madre cual piel desde la que cuidarse, una condición que nos define y une desde lo más íntimo (sí, como las canciones de Estopa). Carla pondrá paz con su propia madre, una brillante Ángela Cervantes, al reconocerse en la fragilidad de ella. “La Maternal” marida bien con “Cinco lobitos”, de Alauda Ruiz de Azúa, otra gran película hecha para compartir.

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