Raimundo FITERO
DE REOJO

Estado de revista

Las respuestas no se corresponden siempre con las preguntas, aunque los vientos produzcan melodías que podamos confundir con mensajes que nos resulten provechosos para nuestras disquisiciones más abiertas a lo trascendente. Quizás por ello, todos los uniformes con los que nos cruzamos desde que salimos de nuestra casa por la mañana hasta llegar al cabo de unas horas de nuevo a nuestro destino final, los vamos asumiendo como parte del paisaje, como una manera de confundir la seguridad con la proliferación de discursos militaristas.

No es territorio abonado para la sutileza o la poética situacionista, pero los ejércitos, en términos abstractos, son una manera rotunda de escalonar los rasgos del poder. Ni siquiera los ejércitos populares escapan de esta planificación espacial, de ese uso de un plumaje ancestral convertido en uniformes que les distingan a unos individuos de otros, no en la que tiene de expresión guerrera, sino dentro de la propia sociedad para destacarse por rangos y capacidades de mando.

Al mirar en la calle, con todos los uniformes que nos acompañan como sombras desde los transportes públicos a los grandes almacenes, observando los medios de comunicación con tantos ejércitos que ocupan espacios informativos de manera protagonista de manera constante y de forma exhaustiva, pensando en la extensa literatura sobre la misma guerra escrita desde hace siglos en culturas muy diversas, pensando en la épica y la heroica podemos llegar a una conclusión muy sencilla: hay que estar siempre en estado de revista por si nos llaman.