Lo efímero perpetuo
Una fotografía es una instantánea de lo efímero. Es atrapar en un segundo una vida, una conversación, una tormenta, un cataclismo, una guerra o un esperpento. En días como el de ayer, los disparos de las tropas de Tejero y sus superiores proporcionaron a la historia momentos de delirio eterno. Las fotos que guardamos en la memoria con ese tipejo con bigote y pistola en mano, supera, incluso, a los disparos a discreción de esos picoletos de tradición. Unos disparos que asustaron de tal manera que alguno de los asaltantes dijo: «cuidado que podemos dar a los nuestros». Y es que había muchos o pocos de los suyos allí.
Los suyos han decidido proporcionarnos una nueva foto inconmensurable, doce hombres sin mucha inteligencia política, alrededor de Ramón Tamames anunciando la moción de censura de Vox. Cuando uno la ve debe ajustar sus defensas porque es tan increíble que parece de verdad un dislate. Es lo efímero de una foto congelado en una acumulación de vejestorios de edad y de ideas, como si estuvieran saliendo de una comida de viejos compañeros de mili. Lo que más me solivianta es la presencia de Fernando Sánchez Dragó, otro octogenario que parece ser el nexo entre Abascal y Tamames, o sea, electrolisis. Siguen os carnavales.
Y no han podido abstenerse y nos enseñan saliendo de un restaurante madrileño a Feijóo y Casado. Por separado. Habían comido juntos. Celebrando una traición, una de las bajezas políticas más significativas del siglo, hacer dimitir al presidente electo del PP, por presión de Ayuso. Todo forma un tríptico donde se perpetúa lo efímero.

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