Raimundo FITERO
DE REOJO

Más perros que niños

Si as estadísticas no mienten, ni son muy tendenciosas, resulta que en nuestra sociedad actualmente hay más perros que niños y niñas. Si uno camina por su lugar de residencia lo puede constatar a simple vista, lo mismo que va viendo cómo hay más tiendas dedicadas a atender a las mascotas que a niños y niñas. Si va un supermercado hay más estanterías dedicadas a alimentación y otros artilugios para las mascotas que para los infantes. Y, para culminar el dato, los fabricantes de productos alimentarios para mascotas avisan de un incremento de su facturación de esos que quitan las dudas.

Ya lo he escrito, de un tirón, de un impulso. Pero me ahogo en la incertidumbre: ¿Qué nos transmite esta situación tan paradójica? ¿Hacia dónde camina nuestra sociedad? En términos políticos, ¿qué significa esta manera de preocupase más por los animales que por la transferencia de conocimientos y herencias? ¿Es un signo de decadencia o una muestra de disidencia silenciosa y práctica? Muchos de nuestros congéneres tienen un trato personal cotidiano solamente con una gata o una perra. El resto de sus comunicaciones son a través de aparatos dotados de medios informáticos que suplen su personalidad con aplicaciones uniformadoras y totalitarias.

Nuestros parques sin niños y niñas, nuestras calles sin gritos, encuentros a todas horas de seres humanos atados a una correa que se juntan solamente para que su mascota se relacione con sus semejantes. Es la soledad elevada a noción de especie comprometida históricamente. Tener descendencia es un acto político. ¿Y rescatar a un perro?