Raimundo FITERO
DE REOJO

Incompetencia estratégica

Cuando la Inteligencia Artificial sea capa de inventar tantas maneras de escaquearse de las labores domésticas, de los compromisos con la sociedad gastronómica, empezaré a preocuparme de manera seria. De momento, considero que es una suerte de hombre del saco, coco, bruja pirula o cualquier otra cosa que está más sustentada en los miedos, temores y relatos que se emiten de manera capciosa desde los centros del poder remoto que en la realidad tangible.

Porque no me dirán que no es una filigrana conceptual, una magnífica manera de aliviar las malas conciencias llamar incompetencia estratégica, a esa táctica empleada por muchas personas, generalmente del género masculino, haciéndose el tonto y diciendo, pese a ser ingeniero, que no sabe poner la lavadora. O peor todavía, aduciendo que le cuesta diferenciar el color de la ropa por lo que puede causar un mal mayor. La reconozco en primera persona. Todo aquello que no acaba de gustar realizar a alguien, con hacerse el bobo, diciendo que es que no sabe, le produce un salvoconducto que ahora lo llaman para tirarse el artículo incompetencia estratégica, que estirando mucho el chicle y llevándolo al terreno de lo de la política partidista daría bastante plataforma de debate. Quizás nos llevaría directamente al aburrimiento.

Me gustaría ver a la promocionada herramienta ChatGPT explicando esto de la incompetencia estratégica en ochocientos caracteres con espacios. No sé si sabe expresarse con insultos o tacos, pero no extrañaría que mandara al recurrente a tomar viento un poco más allá de la farola que hay en dique.