Toreo de batzoki
Existe en la fecunda literatura taurina una figura espléndida que fundamenta hasta una estética: el toreo de salón. Se trata de ponerse a dar verónicas, pases de pecho, revoleras sin tener delante ningún morlaco. Es pura coreografía, mirarse al espejo con delectación, gustarse. Se empieza por ahí, se estudia derecho y se acaba de vicepresidente de una comunidad, además de titular de la Consejería de Cultura, asunto de suma importancia porque es donde van a dar la auténtica batalla las derechas reaccionarias.
El empanado gallego, junto a su escudero con carita de mozo de espadas, Borja Mari, ya no tiene muchas escapatorias para seguir engañando al personal votante. Y mucho menos a los partidos políticos que con ellos van a competir. Lo que ha hecho una parte significativa del PNV a modo de experimento dando alcaldías al PP o quitándole instituciones a EH Bildu, junto a PSOE y PP, se podría considerar toreo de batzoki, es decir, lo importante no es el pueblo, ni los resultados electorales, lo importante es seguir convirtiendo una opción política en un espantajo como hace la extrema derecha bicéfala, negando la realidad, las evoluciones y mostrando lo que es ese partido-empresa que todo lo controla, un club de intereses económicos disfrazados de supuestos principios descalificados. Es la manera de entrenarse para darle el Gobierno de España al PP-VOX, por el bien de Euskadi, naturalmente.
Podemos ha entrado en razones electorales, se suman sin restar, dejan a Irene Montero en la reserva espiritual y, se supone, van a poner todo para que se pueda tener gobierno sin toreros.

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