Etxerat avanza hacia una nueva fase: el fin de la excepcionalidad
El acompañamiento a familiares, el apoyo psicológico y el mantenimiento de la cohesión y la solidaridad son algunas de las líneas de trabajo de Etxerat en la nueva fase, con un objetivo a corto plazo: «El fin de todo lo que significa excepcionalidad».

Etxerat celebró el domingo su XX asamblea en Iurreta, donde más de un centenar de familiares se reunieron para mirar hacia el futuro. El fin de la dispersión y del alejamiento de los presos vascos tras 34 años de sufrimiento ha dado paso a una nueva fase, en la que el colectivo de familiares seguirá trabajando para «acabar con todo lo que significa excepcionalidad».
En la asamblea, los integrantes de Etxerat acordaron «adecuar la estructura y el trabajo a la nueva fase que hemos empezado». Entienden que, con los presos y presas vascas en Euskal Herria, «las necesidades son otras».
Así, las funciones del colectivo serán «parecidas», pero se redoblarán esfuerzos en aspectos como la coordinación y el seguimiento a familiares, el apoyo psicológico, las relaciones tanto internas como con otros colectivos, la comunicación y el trabajo común que se viene realizando con Sare.
En resumen, «denunciar y acabar con todo lo que significa excepcionalidad». En ese sentido, el colectivo de familiares pone el énfasis en que los 156 presos y presas vascas que siguen en prisión puedan acceder a la vía ordinaria y «evitar que el tema se enquiste».
Saben que no todos los intereses van en la misma dirección y que hay «sectores políticos y judiciales empeñados en que esto no suceda», como demuestran las regresiones de grado y los reingresos en prisión. Y se suceden los casos. Ayer mismo se conoció el de Juan Manuel Inziarte. «Vamos a seguir denunciando para acabar con esto que es lo que impide que nuestros familiares sigan volviendo a casa».
SOLIDARIDAD
Para ello, ven clave «fortalecer el papel movilizador de la sociedad». El alejamiento de los presos y presas vascas ha sido uno de los temas que más solidaridad ha despertado en las últimas décadas en Euskal Herria. Si no el que más. Conocen de primera mano la importancia que esa solidaridad ha tenido para los familiares y desean que ese apoyo no desaparezca con el fin de la dispersión. «Los familiares necesitan que socialicemos la necesidad de acabar con la excepcionalidad igual que con la dispersión».
El alejamiento ha desaparecido, pero no la carga que supone seguir teniendo a un familiar encarcelado. Desde el colectivo, remarcan que hay familiares de presos con largas condenas que necesitan un especial acompañamiento, pero también los de aquellos que, tras largos años regresan a casa. «Entendemos que esa situación es nueva para todos, para el preso, para el familiar, para Etxerat. Vemos vital hacer ese acompañamiento. No podemos olvidar que el tercer grado sigue siendo condena y es necesario hacer un acompañamiento también a esos familiares, así como poner más atención en las familias de los presos que se enfrentan a largas condenas».
Y «la comunidad» es imprescindible. Desde Etxerat, quieren «seguir trabajando» sobre esos lazos reforzados durante más de 34 años. El alejamiento, además del sufrimiento, también dio pie a historias preciosas, a mucha solidaridad y a mucho sentimiento de unión. «Antes el alejamiento nos cohesionaba. Compartíamos horas de viaje durante muchos años, autobús, furgonetas de Mirentxin... Ahora no. Y debemos mantener esa cohesión ahora para terminar con la excepcionalidad».
Esa unión será, de esta forma, el motivo de existencia de Etxerat hasta su desaparición. Un colectivo que nació con la clara vocación de desaparecer, pero que «seguirá existiendo hasta que desaparezca el último preso o presa, el último familiar».

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